Un informe de la Fundación Márgenes y Vínculos evidencia cómo la pandemia ha agravado el problema de las agresiones sexuales a niños. Tras la época de confinamiento, y a falta de tener datos objetivos, se sospecha de un aumento de estos episodios y se constata un mayor número de casos delictivos de consumo de pornografía infantil. Es sin duda la escenificación de la tragedia social vivida cuando los roles se equivocan, el respeto se pierde y se normaliza un abuso en una cadena que siempre se rompe por el lado del más débil, el niño. Cuantos más recursos se tengan para detectar pronto estos casos y, sobre todo, cuanto más eficiente sea la reacción ofrecida por las administraciones, habremos conseguido una mejora reflejo de una sociedad transparente alejada de la opresión hacia quien no puede defenderse.
No hay nada más bajo ni más odiado que el abuso a un niño y la posterior carga psicológica que sufrirá en su desarrollo como adulto. Que se consiga que estos casos salgan a la luz y se pueda reaccionar es el gran reto de una sociedad que debe romper con aquellos periodos de silencio o incluso de vergüenza que llevaba a que muchas víctimas temieran confesar que lo eran, lo que indirectamente fortalecía aún más la impunidad del delincuente y le capacitaba para seguir actuando, haciendo daño.
Informes como el publicado por Márgenes y Vínculos son preocupantes porque demuestran que algo está fallando. Preocupante es que se actúe contra la intimidad de un niño, igual que el consumo de pornografía infantil o alimentar su difusión masiva. No hay que tener miedo a denunciar, pero si lo hubiera, se debe ayudar a esas familias y esas víctimas a romper esquemas y visibilizar su sufrimiento para conseguir la respuesta de quienes están encomendados a darla. Ayudarles a vencer el miedo, ayudarles a no encontrarse solos.
Uno de cada cinco niños será víctima, de una u otra manera, de una agresión sexual. Además, entre el 75 y el 80% de las víctimas conoce a su agresor. No se pueden perder en el silencio, en el miedo o en la falta de apoyo porque no han encontrado facilidad para acceder a los recursos. La violencia de todo tipo sobre el menor debe obtener un rechazo unánime de todos y una unión para prestar atención, apoyo y ayuda.
Nuestros niños son nuestro futuro, ellos son el reflejo de una pureza que no puede ser maltratada y mancillada por esa parte de la sociedad que se apartó de los valores y que terminó por provocar un daño irreparable.
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