La presión migratoria que desde hace días se está repitiendo en Ceuta, influida sobre todo por la niebla, tiene su consecuencia directa en los propios recursos de los que puede disponer una ciudad afectada por las consecuencias de su mera ubicación geográfica.
En los últimos días las entradas de adultos y menores son una constante.
De muchos ni siquiera se habla puesto que su pase a Ceuta no queda recogido por la Guardia Civil. Se sabe que alcanzaron arenales españoles en el momento en que vecinos de barriadas próximas los vieron correr por sus calles.
Es un hecho que no significa que la Guardia Civil no esté haciendo su labor de encomienda de protección de fronteras, sino que refleja lo imposible de un control adecuado en una línea sorteada por muchas dificultades en cuestión de medios y personal.
Las consecuencias directas de esa presión se notan en los recursos destinados a la acogida de mayores y menores de edad.
Están al límite por lo que requieren de medidas extraordinarias y urgentes para que no se llegue a un colapso que no pueda ser afrontado con los medios de los que dispone la propia administración.
El mes de agosto no ha hecho más que empezar y ya muestra una constante que no cesa, que no es otra que la protagonizada por los llamados nadadores en su ánimo de cruzar a Ceuta como sea.
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