El pasado viernes 1 de marzo, cerca de 400 personas se manifestaron frente al muro de Berlín -antaño conocido como Schandmaur (muro de la vergüenza), y en la actualidad, más de dos décadas después del descalabro de la RDA convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la capital germana.
Los manifestantes pretendían evitar que se desmantelara una sección de 25 metros de muro. Reivindicaban su preservación. El desarrollo urbanístico previsto en el área colindante proyectaba el abatimiento de parte de los restos grafitteados del célebre icono fronterizo de la Guerra Fría. En consecuencia, la East Side Gallery, a orillas del río Spree, corría el riesgo de ser cercenada.
La presión ciudadana se reprodujo en los días sucesivos. Finalmente, las protestas, en la calle y en la red, parecen haber surgido efecto. Los manifestantes han conseguido detener el derribo previsto. Han logrado poner la frontera monumentalizada más famosa del mundo a salvo de la apisonadora inmobiliaria. Al menos de momento.
Casi en paralelo, y también en Berlín, el Ministro del Interior alemán reivindicaba la preservación de otro muro. Se refería al muro político-administrativo que sigue obstaculizando la entrada de Bulgaria y Rumania en el espacio Schengen. El Ministro Hans-Peter Friedrich declaró al semanario Der Spiegel que su gobierno vetaría el acceso de ambos países al espacio Schengen durante el Consejo de Ministros de Justicia e Interior que se celebra hoy jueves en Bruselas.
Bulgaria y Rumanía ingresaron en la Unión Europea en 2007. Ambos deberían formar parte de Schengen desde el año 2011. Pero su ingreso ha sido aplazado en varias ocasiones debido a la desconfianza de algunos de sus socios comunitarios. En los últimos años el gobierno holandés ha sido uno de los más recelosos ante las perspectivas de ingreso de búlgaros y rumanos, apelando a las deficiencias de los sistemas judiciales de Sofía y Bucarest y a los problemas de corrupción en sus fronteras.
Podría ser que, en el futuro cercano, la Schengenización de estos dos antiguos satélites soviéticos, y viejos teatros de operaciones del llamado socialismo real, sea objeto de nuevas dilaciones. Sin embargo, tarde o temprano, ambos países pasarán a formar parte del espacio de libre circulación europeo.
Y de forma indefectible Schengen llegará a orillas del Mar Negro. Así lo estipula lo acordado entre ambos países y sus socios comunitarios. En cualquier caso, de momento, del mismo modo que los manifestantes berlineses han detenido el derribo parcial de los restos del muro, su gobierno también parece haber detenido la demolición del muro que mantiene a Bulgaria y Rumanía alejadas del Área Schengen.
(*) Investigador / Departament de Geografia / Universitat Autònoma de Barcelona
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