Si existe alguna inversión que se ha convertido en Ceuta en un monumento al absurdo, desde luego, el primer premio y de largo, se lo lleva la obra de la antigua estación de ferrocarril. Una infraestructura donde la Ciudad Autónoma ha sido incapaz, a lo largo de más de nueve años desde que se puso la primera piedra, de saber dar un golpe de timón que permitiera la recuperación del sentido de cualquier obra que lleva a cabo una administración pública. Pero es que después del desastre han sido capaces de volver a tropezar en la misma piedra. Tras muchos meses negociando con Dragados, resulta que nadie sabe lo que está pasando allí. Se cuenta que la obra no lleva la marcha adecuada, que fuera de Ceuta se está haciendo una parte de la misma, que se están abonando las certificaciones, que no hay dirección facultativa, que se está pendiente de emisión de informes jurídicos para ver si el arquitecto municipal se puede hacer cargo de la continuidad. Un desastre tras otro desastre. La responsabilidad política a lo largo de estos nueve años ha estado en infinidad de consejeros, pero todos han demostrado su incapacidad para resolver este monumento al absurdo. Y no estamos hablando de enviar un cohete a la Luna, sino, simplemente, rehabilitar la antigua estación para convertirlo en un equipamiento cultural. Una prueba palpable de una falta de gestión que clama y se traslada a otros problemas que no encuentran en años una solucion eficaz.
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