Colaboraciones

Mis ángeles

Fiel reflejo de los males, se encuentran entre los trigales, se remeten con el viento y la lluvia da la energía en la tierra.

Mis abonos vienen de la naturaleza, esa que todos necesitamos. Somos un altar en medio de la nada. Un descuido en lo que vemos. Sin duda fue algo Supremo, el cual nos dio cobijo.

Pero seguimos siendo unos pocos que sólo pensamos en nosotros. Ese egoísmo, que nos hace miopes. No vemos que lo que nos proponemos. Pero existen otros muchos, como nosotros, por eso deben de pensar.

Somos, existimos y deseamos vivir, para tener nuestras propias experiencias. De esas que en el futuro deseáramos hablar a nuestra descendencia. Murmullos se escuchan por todas partes. Me encuentro fuera de mí.

Solo me queda implorar al Altísimo, para que algún día, quede reflejado, en algún lugar, de nuestro pensar, que no vale perpetrar un acto tan cruel y despiadado.

En algún rincón debe de quedar, que nuestros actos deben de ir, para que nuestra especie, siga adelante.

Y en conclusión, no llegar a un acto donde la vida de uno, o de las demás, dependan de un acto reflejo, donde la desesperación, o no ver, el futuro con un color óptimo, valga, como escusa, para saciar un egoísmo, y no poder llegar a lo que un ser humano sabe: razonar y esto es gratis.

Sentarse en algún lugar, con un café por delante, y sacar, todo lo que tenga uno, y procurar llegar a un entendimiento, con la persona que se tenga, ese pleito abierto, pero, lo principal, es no hacer, esa barbaridad, tan inhumana, de sesgar unas vidas, para que nadie pueda tener el privilegio de tener el cariño de una personita, que no tiene ninguna culpa de haber discutido, sus progenitores.

Una decisión inapropiada y a la vez roza con el revanchismo y uno de los pecados mortales: el no matarás. Y mucho menos a unos indefensos, que no comprenden qué les va a ocurrir. Es de cobardes y de personas no civilizadas. Lloro por este acto.

Deseo que te den el derecho de estar en tierra Santa y que en algún momento, te arrepientas, de no haber ido hacia adelante y confiar en nuestro futuro.

Ya que hay un dicho, muy antiguo, que dice ”Dios aprieta, pero no ahoga”.

Y para todo hay un momento. Y creo, que este, precisamente, no fue el instante, para cruzar el umbral, hacia otro mundo, acompañada por unas pequeñas criaturas, que tenían mucho que hacer en este valle de lágrimas.

Veo luces del árbol de Navidad y lloro ante tal majestuosidad, y me imagino como unos ángeles revoloteando en aquel instante y diciendo: “Hasta pronto, ya volveré en otro instante”.

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