A través de las miradas, los animales y los seres humanos, además de informarnos, nos expresarnos y nos comunicamos, aprendemos, disfrutamos y, también, nos alimentamos. Los ojos interpretan y transmiten mensajes que intensifican y, a veces, contradicen los significados de las palabras como, por ejemplo, afecto, deseo, respeto, complicidad o complacencia. En Comer con los ojos Jorge Guitián, historiador de arte y periodista, nos explica cómo los alimentos, las maneras de cocinarlos, de presentarlos en la mesa y, sobre todo, de exhibirlos en las obras artísticas, manifiestan las diferentes valoraciones de la convivencia, de la comunicación, del arte y del placer humanos.
Lo más valioso de esta obra es, en mi opinión, la habilidad con la que Jorge Guitián orienta nuestra mirada para que advirtamos cómo, por ejemplo, una naranja, una empanada, una copa, una sopa, un plato de suchi o una taza de chocolate humeante, evocan sensaciones y explican emociones y deseos placenteros o pecaminosos a lo largo de la historia y actualmente en los diferentes niveles sociales.
Comer con los ojos describe el recorrido estético de mesas plasmadas en cuadros, esculturas, códices, miniaturas y grabados que, en la Galicia medieval, el Japón, México, Holanda, Sevilla o Nueva York, Persia o la Unión Soviética de Stalin, muestran cómo los alimentos se trasladan por toda la geografía mundial mezclando técnicas, modas, gustos y deseos, y cómo con el cacao, por ejemplo, la cultura mexicana penetra en la española y el chocolate se transforma en bebida europea y en “símbolo de distinción y de lujo”.
Esta obra nos proporciona una variada experiencia visual y, además, nos estimula unas agradables sensaciones olfativas y gustativa que hacen que nos preguntemos cómo huelen y a qué saben los diferentes productos. Pero, además, nos muestra cómo comer no es una actividad vacía de significados, sino que, además, nos explica cómo quien sirve, quien siente, quien mira y quien come cumplen y transmiten mensajes sobre modelos de vida humana personal, familiar y social.
Ya verán lo interesante que resulta la visita a una especiería italiana del siglo XVII –a medio camino entre la farmacia, la tienda de especias y la confitería- y la respiración de su atmósfera cargada de azúcar, canela, clavo, jengibre, semillas, frutas confitadas, remedios y preparados medicinales, y lo saludable y placentero de ese cruce cultural entre Oriente y Occidente.
Jorge Guitián
Comer con los ojos
Un recorrido por el arte a través de la gastronomía
Barcelona, Editorial Espasa, 2026
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