La Organización Mundial de la Salud ya lo advertía hace años. El consumo de embutidos de forma regular aumenta las posibilidades de padecer cáncer. Aunque la sospecha está ahí, los últimos estudios refuerzan esta idea. Ante las dudas que el asunto puede generar en la población de Ceuta, El Faro ha contactado con la doctora Laura Delgado para ahondar en la cuestión.
La experta recalca la importancia de cambiar hábitos para evitar los efectos adversos de una dieta basada en estos productos. No solo entran en juego el chorizo o el salchichón. Las lonchas de pavo y otros artículos que cada vez ganan más adeptos también están dentro de la lista de nocivos para la salud.
La médica de primaria y especialista en nutrición expone otros que también son cancerígenos, en concreto, el bacon, las salchichas, las carnes picadas envasadas, las hamburguesas procesadas y las chacinas.
No tan sanos
Aunque la etiqueta los presente como naturales, bajos en sal o, en general, “más sanos”, es preciso estar ojo avizor con todos. Siempre las carnes magras son opciones mejores, según traslada la facultativa.
Es cierto que desde hace tiempo ya se advierte sobre este aspecto de los embutidos. Sin embargo, ¿qué ha provocado que se saque el tema a la palestra en la actualidad? Delgado lo aclara. “No es tanto una información nueva, sino que han revisado más estudios que confirman aún más la sospecha”, incide.
“Sí que es cierto que ahora también se señala a las carnes rojas, en detalle, la ternera y las de caza”, remarca. Aunque no están procesadas, también incrementan las probabilidades de padecer cáncer.
Nitritos y nitratos
Detrás de esta categoría de tipo uno, es decir, aquellos que lo son para el ser humano, se halla la suma de varios factores. “No es un único ingrediente el causante”, destaca la profesional.
“El condicionante más determinante es el contenido en nitritos y nitratos. Son conservantes que intentan intensificar el color rosado de la carne y alargar su vida útil. Una vez ingeridos, el cuerpo los convierte en nitrosaminas, que son potentes y claros cancerígenos”, especifica.
A estas se unen “las aminas e hidrocarburos aromáticos, que aparecen en la carne cuando se cocina a alta temperatura, sobre todo, cuando tiene partes muy tostadas o quemadas. También están en productos ahumados”, indican.
Estrés oxidativo
La producción de ese elemento resultante, las nitrosaminas, aumentan el estrés oxidativo. Esta afección se produce cuando existen demasiadas radicales libres en el organismo y no hay en ese momento suficientes antioxidantes para eliminarla estas, moléculas inestables.
Es posible que este efecto ocasione daños en las células y los tejidos. A esa repercusión se agrega una segunda más profunda. El consumo continuo de embutidos puede desembocar en un perjuicio para el ADN.
La primera incidencia que puede generar es un menoscabo a genes y células encargadas de reparar otras células cuando sufren un deterioro. “Si son alterados, los propios daños celulares son los que pueden dar inicio a cambios cancerígenos”, subraya.
Crecimiento
No siempre se puede dar de ese modo. Algunos casos surgen por una activación de genes responsables del crecimiento celular. El detonante es, precisamente, ese ADN damnificado.
“Cuando este no tiene freno, puede desencadenar en también en procesos cancerígenos o tumorales”, incide. La clase de cáncer que puede ocasionar es, fundamentalmente, el colorrectal, es decir, el que afecta al colon y al recto.
Si la ingesta es regular, las probabilidades de que nazca la enfermedad ascienden a casi un 20%. “Aunque el consumo sea escaso, las sube”, apunta. Usa como medidas de referencia para describir esta poca cantidad una salchicha, dos o tres lonchas de embutido o bacon o una hamburguesa.

Los peores
Sí existe un grado de productos nocivos de mayor a menor. Las que más efecto negativo crean son las carnes procesadas, lo que incluye la carne picada, las hamburguesas, las salchichas, los embutidos y el bacon.
Son los que más riesgo de desarrollar cáncer encierra. Un par de escalones más abajo está la carne roja que no pasa por ese procesado. La razón por la que se la cataloga como una amenaza menor es que la evidencia científica en torno a esos alimentos es “menos clara”.
Delgado no conoce con exactitud cuánto podría tardarse en acostumbrarse una persona a esta idea y a renunciar a esos artículos. “Depende de cuánto se conciencien”, opina. Lo que sí sabe a ciencia cierta es que los médicos deben informar sobre este hecho a los usuarios.
“Es fundamental la prevención. Los doctores tratamos, pero deberíamos tener un impacto más fuerte en la prevención de la enfermedad. Por tanto, hay que advertir e informar a todos los pacientes acerca de probables daños para su salud y sobre cómo evitarlos en la medida de lo posible”, asegura.
Sustitutos
Normalmente son utilizados en los desayunos o como aperitivo. La sanitaria recomienda sustituirlos por salmón o atún al natural de lata, pollo o pavo hervido casero, hummus y queso fresco o de untar.
Aconseja a los ceutíes disminuir la adquisición de estos artículos. “Particularmente, no compro embutidos en casa ni productos cárnicos procesados. Me atrevo a recomendar retirar el consumo y reemplazarlos por carnes magras y frescas”, explica.
“Si a alguien le encantan los embutidos, lo indicado es que el consumo sea puntual, es decir, en alguna comida fuera de casa, cumpleaños u otros eventos o festividades que incluyan comidas”, puntualiza.
Otros dañinos
No todas las personas saben que son alimentos cancerígenos. Al igual que ellos, no todos los consumidores conocen otros que también lo son. Es el caso de los ahumados, las patatas fritas y los alimentos ricos en hidratos de carbono cocinadas a altas temperaturas.
Un ejemplo de ello es el pan tostado que se quema un poco. A pesar de que a día de hoy es mucho más fácil acceder a este tipo de información, la facultativa considera que el desconocimiento, quizá, se da porque “no se le da toda la difusión y visualización suficiente”.
No solo se sabe o no este aspecto. Rondan mitos en relación a la comida. Uno de los que comparte Delgado es el de la soja. “Hay quien piensa que es cancerígeno, pero no existe evidencia científica de ello por ahora”, aclara.






