Categorías: Opinión

Mena en el monte

La situación elegida voluntariamente por un grupo de menores marroquíes, que optó por abandonar el centro de Hadú para usar una vieja chabola como vivienda, es dramática, se analice como se analice. Si me van a salir con eso de ‘mejor que se queden en Marruecos’ o ‘para qué coño han entrado aquí’, opten por no seguir leyendo. No merece la pena. El hecho es que están en Ceuta por razones múltiples y han optado por vivir en unas condiciones indignas para cualquier persona y más aún para unos niños que están expuestos a peligros de todo tipo. Hagan memoria, y ya sabrán a lo que me refiero con la expresión ‘de todo tipo’.
La Ciudad se defiende argumentando que el albergue de Hadú es un centro abierto, que no pueden encerrar a los MENA como en una cárcel. Y tiene toda la razón. Aquí nadie carga las tintas contra la Ciudad ni contra el Área de Menores ni contra nadie, pero hay un problema, algo que no funciona bien y es a esta ciudad a la que le toca buscar la solución. La inmigración infantil, como la adulta, es competencia de las administraciones, y al igual que las patrullas de la Guardia Civil peinan los montes nada más producirse un desembarco para filiar a los subsaharianos, deberían, cuando menos, hacer lo mismo cuando se topan con unos menores en pleno Hacho rebuscando por las basuras o pidiendo a la gente comida. Curiosamente, ante un asunto imposible de ser controlado, la Administración en su totalidad opta por mirar hacia otro lado, como si ese problema no existiera, como si no fuera con ellos. Pero lo cierto es que sí va con ellos, porque hay unos adolescentes que están aquí, que están arriesgándose a cruzar a la península dentro de camiones de basura, sin mirar los riesgos y sin tener en cuenta que otros han fallecido en el intento.
La Ciudad acostumbra a contarnos la cantidad de dinero que invierte en Menores, la plantilla estabilizada que tiene, la operatividad de sus centros, el control que mantiene sobre el área en cuestión, pero también existe una problemática que se produce por múltiples causas y que existe ahí, a la vista de todos los que quieran verla. ¿Qué habrá que hacer? Cuando menos interesarse, preguntarse por qué unos MENA han optado por dejar un centro para vivir a la intemperie perdidos en el monte, intentar encontrar una explicación en la actitud que muestran las fuerzas de seguridad capaces de sacar indocumentados debajo de las piedras pero ignorantes consentidos cuando se trata de averiguar el estado de un menor expuesto a un sin fin de riesgos.
Lo dejo ahí. El problema es conocido, la solución no.

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