Desde que Cayo Mecenas en Roma cobró fama por proteger las Artes, su nombre pasó a designar esta función social tan necesaria. El mecenazgo moderno apareció en el Renacimiento, donde familias como los Médici rodeándose de artistas y humanistas, convirtieron su ciudad en el centro cultural de la época; los escritores también gozaron de este patrocinio, como Cervantes por ejemplo. La protección de las Artes llegó incluso a ser una actividad competitiva entre los grandes poderes de las ciudades, la iglesia y las monarquías.
Hoy el Arte no se sienta en el lugar que merece. Siempre he dicho que la Política debe ser Poética, y la Poesía, Política. Si los grandes poderes se rodearan de artistas, humanistas, escritores, pensadores… otro gallo nos cantaría. Durante el Renacimiento, la protección y el fomento de las Artes se consideraba una de las premisas básicas de todo buen gobernante.
En la actualidad, los gobiernos se rodean de leyes, asesores y políticos y políticas que siempre nos llevan al mismo sitio. Quizás hoy, los buenos gobernantes brillan por su ausencia.
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