EFE
A las afueras de Casablanca, en pleno pulso industrial de Marruecos, miles de obreros trabajan sin pausa en uno de los proyectos deportivos más ambiciosos.
El Gran Estadio Hassan II, llamado a convertirse en el estadio con mayor capacidad del mundo con 115.000 espectadores, avanza a un ritmo frenético: 24 horas al día, en tres turnos ininterrumpidos, con el objetivo de llegar a tiempo al Mundial de 2030.
El proyecto, clave dentro de la candidatura conjunta de Marruecos, España y Portugal para el Mundial organizado por la FIFA, ya presenta un avance cercano al 30% de ejecución, según los responsables de la obra. De hecho, más de 40.000 asientos ya han sido instalados, una cifra que refleja la velocidad de una construcción que apenas lleva diez meses en marcha.
El ritmo de trabajo es, según los propios responsables, “excepcional”. El director adjunto de la Agencia Nacional de Equipamientos Públicos (ANEP), Yassir Soussi, explica que el objetivo es claro: terminar en diciembre de 2027 para disponer de al menos dos años de pruebas antes del Mundial.
“Trabajamos 24 horas al día con tres equipos de ocho horas cada uno”, señalan desde la dirección del proyecto, que reconoce que se trata de un desafío técnico y logístico sin precedentes en el país.
En la obra ya trabajan alrededor de 5.000 obreros, aunque la previsión es que la cifra pueda duplicarse hasta los 10.000 en los próximos meses. Grúas, estructuras metálicas y zonas de acceso para jugadores conviven con un movimiento constante que no se detiene ni de noche.
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es su cubierta: una gigantesca estructura en forma de tienda que se extenderá sobre 20 hectáreas. Esta referencia arquitectónica se inspira en el concepto tradicional del “moussem”, una reunión cultural, social y económica profundamente arraigada en la tradición marroquí.
El arquitecto principal del proyecto, Tarik Oualalou, explica que la idea es combinar modernidad y tradición: “una tienda universal donde cada visitante pueda reconocerse”, en referencia a un diseño que busca proyectar hospitalidad y identidad cultural.
Este enfoque pretende diferenciar el estadio de otros grandes recintos europeos y reforzar la candidatura de Casablanca como sede de la final del Mundial, frente a competidores como el Santiago Bernabéu, también en la carrera por acoger el partido decisivo del torneo.
El nuevo estadio no solo destaca por su tamaño. También aspira a situarse en la élite mundial en experiencia VIP. Según los responsables del proyecto, contará con unas 9.000 plazas VIP y VVIP, una de las cifras más altas del mundo en esta categoría.
Además, incorporará un anillo superior con iluminación LED de última generación, diseñado para convertir el recinto en un icono visible incluso desde grandes distancias. Todo ello en un complejo integrado en un entorno boscoso y conectado con la naturaleza.
El presupuesto total del proyecto asciende a aproximadamente 1.000 millones de euros, una inversión que el gobierno marroquí considera estratégica dentro del plan de modernización de infraestructuras deportivas y urbanas del país.
El estadio no llega solo. Forma parte de un plan mucho más amplio que incluye nuevas conexiones de transporte, carreteras y equipamientos urbanos. Entre ellos destaca la construcción de una estación de tren específica que conectará el recinto con el área metropolitana de Casablanca.
Este despliegue se integra dentro del paquete de sedes previstas para el Mundial 2030, en el que también figuran ciudades como Rabat, Marrakech, Tánger y Agadir, consolidando la apuesta de Marruecos por convertirse en uno de los grandes hubs deportivos del continente africano.
Más allá de la infraestructura, el estadio busca transmitir una idea: Marruecos quiere posicionarse como un actor central en la organización de grandes eventos deportivos internacionales.
La combinación de ritmo de obra extremo, ambición arquitectónica y estrategia política deportiva convierte al Gran Estadio Hassan II en algo más que un recinto futbolístico: es una declaración de intenciones.
Si todo se cumple según lo previsto, en diciembre de 2027 el estadio estará terminado y listo para pruebas. Y en 2030, podría convertirse en el escenario donde el mundo mire hacia Casablanca para ver coronarse al campeón del fútbol mundial.
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