Los restos de las últimas entradas por el vallado del pasado febrero aún se dejan ver por la carretera que conduce a Sidi Ibrahim. Chaquetas, guantes o zapatos de personas que ya han abandonado Ceuta y que son fiel reflejo de madrugadas de mucho miedo y tensión.
Desde aquel entonces Marruecos ha reforzado su presencia montando campamentos fijos y avanzando en las carreteras que, a modo de zanjas, pretenden servir para poner más difícil el pase por este punto. No está confirmado que en su interior se vayan a colocar concertinas, aunque está información está siendo ya manejada por las oenegés.
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