La suerte, la mala suerte, el destino, el "estaba escrito", el estar ahí en ese instante, en ese lugar, ese día.
Ir conduciendo y que un kamikaze vaya en dirección contraria. Ir en el metro y que haya un atentado terrorista.
Que un avión se estrelle, que se salten el paso de cebra, que nazcas con una enfermedad que la padecen una de cada millón de personas.
¿Existe el destino? ¿Todo está escrito? ¿ Qué ven los echadores de cartas, los que leen los posos del café o los que interpretan los surcos de las manos?
El fatum es una fuerza desconocida que obra ineluctablemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos, esto es, destino, fatalidad. Se aplicaba a una irrevocable decisión divina.
¿Sabe Dios lo que sucederá? ¿Podremos evitar un aciago futuro?
Creo que estamos sujetos a la incertidumbre: cuando las cosas pasan las interpretamos pero nadie sabe lo que pasará hoy 20 de agosto mientras leo el cañonazo.
Nacer, vivir, morir. Mientras tanto buscamos herraduras, pisamos una mierda y compramos lotería, un trébol de cuatro hojas, un amuleto. Evitamos pasar debajo de una escalera, tocamos madera, el gato negro, romper un cristal, levantarse con el pie izquierdo.
Mientras nos rompemos los sesos pensando en lo que nos pasará mañana, nos perdemos el aquí y el ahora. Gastamos la vida especulando lo que nos sucederá, los hijos que tendremos, si encontraremos a la pareja ideal o si nos tocará la lotería porque nos pica la mano.
Gastaremos energias augurando, preguntándole a la bruja piruja o al santón de Baza.
A los parias nos queda Esperanza Gracia y sus horóscopos, Aramís Fuster, la pitonisa Lola y sus velas negras, el maestro Joao o los teléfonos que te dicen lo que quieres oír pero te dejan en la ruina pura.
Otra opción es pedirle a cualquier dios de cualquier religión lo que quieras; ríndete, reza, pídele perdón, ofrécele tus oraciones arrodillado.
Llevar santos, vírgenes, cristos y símbolos pueden espantar al demonio que quiera llevarnos al infierno.
Ahora se venden reliquias: una uña, un pelo, una pestaña, un pedacillo de la cruz de Cristo o un trocito de espina que llevó nuestro Señor al monte Calvario. Un amigo trajo un hilo de las ropas del Mesías.
Mientras unos se hacen ricos dando esperanzas lo esperanzados venden hasta los calzoncillos para dejar de ser pobres.
Contaré una anécdota de lo que sucedió en un examen: una alumna me pidió permiso para poder llevar una estampa de la virgen de África. "Me da buena suerte y me tranquiliza". Pasada media hora le di la vuelta a nuestra Señora y el chuletón de Ávila no se lo saltaba un galgo.
Así es. No hay ni buena ni mala suerte, nos toca vivir, luchar, comprometernos, intervenir, ser felices. Lo que tenga que venir que venga y lo que podamos evitar evitémoslo.
¿Qué número Saldrá el viernes en los ciegos? Lo dejo para el cañonazo de mañana.
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