Sin embargo, el Katrine Krog seguía ayer sin tener una agencia contratada que se encargue de representarle ante el puerto. El dueño contactó con una compañía que tiene sucursales en Gibraltar y Ceuta. Como no ofreció garantías para el pago, a juicio de la empresa, no se firmó el acuerdo.
“Es normal que haya reticencias desde las consignatarias”, explicaron ayer desde la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF), agrupación a la que pidió ayuda la tripulación. “Nadie se va a arriesgar a representar a un barco si no lo tiene todo muy claro”, consideró su coordinador en España, José Manuel Ortega. “Y más si el armador no da garantías para el pago, no ha pagado a sus tripulantes, no se hace cargo de los billetes de regreso a casa de los marineros que se quieran marchar y no asegura un relevo. A Prosnel no le conoce nadie. No ofrece ni un nombre de su compañía. ¿Quién se va hacer cargo así del barco?”.
Hay un factor que juega a favor de la tripulación, que recibió ayer una llamada de Cáritas para preguntar por su estado. Un barco fondeado no es más que una factura que no deja de crecer –sueldos, gasto del combustible, alimentos, traslados en lanchas hasta el puerto...–. “Tiempo es dinero”, explicó el coordinador de ITF. Sin embargo, el mismo hecho se puede contemplar desde la perspectiva contraria. De ahí que las autoridades portuarias teman que el armador siga sin pagar a una consignataria, acumule una deuda demasiado grande y decida dar el barco por perdido.
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