El Aula Militar de Cultura acogerá esta tarde la charla de uno de los ceutíes que estuvieron en Haití tras el terremoto que asoló el país.
Se trata del teniente coronel médico José María Gómez-Lama López, que permaneció tres meses entre el barco Castilla y la superficie de este país caribeño. Ha sido su segunda misión internacional, tras Afganistán. A las ocho de la tarde, trasladará sus experiencias a quienes deseen escucharle.
–De un día para otro tiene que salir. ¿Le costó decidirse?
–No me lo pensé mucho, porque mi trabajo me gusta. Hombre, antes de decir que sí se lo comenté a mi mujer, pero ella sabía de sobra cuál iba a ser mi respuesta.
–¿Cómo fueron los días de viaje, qué esperaban encontrarse?
–Fueron más duros de lo normal, porque los cuatro primeros días la mar estaba muy picada. Nos dedicamos a preparar los posibles escenarios, ya que por las noticias veíamos que la situación era mala.
–¿Cuál fue la primea impresión al llegar?
–Efectivamente, vimos que la destrucción total estaba en torno al 30 ó 40% de edificios, y la mayoría se encontraban parcialmente destruidos. La gente vivía en tiendas, ya fuera en un campo de refugiados o en estructuras con un plástico y dos palos montadas por ellos mismos. En cuanto al hospital de Notre Dame, que estaba en aquella zona, tenía sólo dos pabellones útiles, y uno parcialmente destruido. Ahí me gustaría destacar el gran trabajo de la Infantería de Marina.
–¿Lo reconstruyeron?
–En parte, gracias a ellos pudimos poner en marcha, por ejemplo, la unidad de rayos X, para poder hacerlas fuera del barco. Precisamente, ya que soy radiólogo, puse en marcha aquella unidad; la primera radiografía fue a una chica que tenía una fractura en la pierna mal consolidada, lo que era algo bastante habitual. La labor de la Intantería de Marina fue excelente, también limpiando aguas residuales evitando así infecciones.
–¿Qué sensación se llevaron cuando salían de Haití rumbo a España de nuevo?
–No hicimos todo lo que queríamos, pero sí todo lo que pudimos. De verdad, tuvimos la posibilidad de salvar vidas, como con los dieciséis partos que atendimos en el Castilla. Fueron cesáreas en las que, de otro modo, habrían fallecido la mujer y el niño. O algunos niños que tenían una malaria muy peligrosa, por ejemplo. En los tres meses, pasamos consulta a 8.538 personas, y vacunamos a 21.484, la mayoría niños. Colaboramos con ONGs como Weslayane, Médicos Sin Fronteras o Cruz Roja, además de con médicos cubanos que estaban ahí, por ejemplo.
–¿Cuál fue el peor momento?
–El accidente de los cuatro compañeros en el helicóptero. Éramos una gran familia, y fueron dos días de luto hasta que se confirmó todo. Pero luego seguimos trabajando con más fuerza.
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