Hace años el Polígono Alborán era una zona tranquila del perímetro fronterizo. Una zona sin conflictos. Una fábrica de ladrillos y una de cerveza –de esta forma se le denominaba– casi sin elaboración, era lo único que existía. Poco antes de finalizar la producción de ambas empresas se empezó a oír el interés en recalificar estos terrenos para hacer un polígono industrial. El susurro no tardó en fraguarse y, a pesar de lo mucho que se escribió y se denunció sobre lo poco recomendable del lugar, el proyecto salió adelante.
Antes de existir el Polígono y antes de que Marruecos existiera como país, el tránsito de mercancía era habitual entre Ceuta y el antiguo Protectorado. Pasaron los años y miles de ciudadanos marroquíes pueden sobrevivir gracias al pase de pequeños bultos hacia el vecino país. Antes de seguir, quiero hacer un pequeño y merecido apunte hacia la dignidad, la honradez y la valentía de esas mujeres y hombres que, día a día, se someten a duras jornadas interminables para poder llevarse a la boca un trozo de pan. Llamar contrabandistas a una anciana que traslada dos mantas hacia Marruecos no es la palabra adecuada; llamar contrabandista a una persona con una sola pierna que traslada un bulto hacia Marruecos, tampoco es la palabra. Las palabras son dignidad, honradez, respeto.
Han pasado muchos años y el pequeño menudeo de mercancía hacia el vecino país continúa y así seguirá sin lugar a dudas. Unas veces más y otras veces menos, pero el paso de mercancía no finalizará, porque miles de personas dependen de este tránsito de mercancías para poder comer todos los días. Hasta que no se creen, de una vez, industrias capaces de dar trabajo a estas familias las colas no acabarán.
Se hizo el polígono industrial como la panacea de la industria de Ceuta, pero pronto se convirtió en una zona conflictiva, donde, día a día, guardias civiles y nuevos porteadores –estos más delincuentes que personas de las que hablaba– comienzan a lanzar bultos sobre las vallas, comienzan los apedreamientos a guardias civiles, robos a ciudadanos y un sinfín de delitos. Naves que se convierten en dormitorios y otra serie de hechos que cualquier ceutí conoce a la perfección. Y esto ocurre porque se centraliza en un solo lugar toda la mercancía, antes los porteadores se dirigían a distintos puntos de la ciudad y por esta razón existían menos aglomeraciones.
En el polígono se mezclan intereses, por un lado, el de la seguridad ciudadana, que es y debe ser primordial para cualquier país y debe prevalecer sobre cualquier interés particular o de negocio. Cierto que los intereses de los comerciantes son legítimos y el empleo forma parte también de la seguridad ciudadana por la repercusión negativa que tiene el desempleo en esta materia, pero no es menos cierto, que el polígono industrial no creó los puestos de trabajo que se preveían en un principio y ha generado otros problemas en materia de seguridad por su ubicación, no porque estos los creen los empresarios.
La Delegación de Gobierno, acertadamente, advirtió el martes pasado que se obligará a los empresarios a contratar seguridad privada. Esta medida puede ser impopular, pero los empresarios deben entender que la seguridad debe ser sufragada por los que tienen el beneficio y esta misma medida debería imponerse en todos los espectáculos privados (fútbol, conciertos y grandes eventos), porque no es de recibo que una empresa que tiene miles de millones de presupuesto –Madrid, Barcelona, etc.– cargue a todos los ciudadanos un costoso y gran despliegue de seguridad de un evento privado que da beneficio a una empresa privada.
Pero volviendo al principio, la fluidez en el paso de mercancía hacia Marruecos no se solucionará con un nuevo cambio de lugar de paso, porque sólo lo puede resolver el país receptor de las mercancías, ya que este es soberano de lo que quiere o no importar, como y cuando quiere que este tránsito sea o no fluido. Esta no es una circunstancia nueva ni en Ceuta ni en ninguna otra frontera y, por lo tanto, mucho o poco se puede escribir, porque se escriba lo que se escriba las cosas son como vengo detallando.
Como ceutí que conozco perfectamente el problema, deseo que estas personas de las que hablaba puedan llevarse un trozo de pan a la boca con la dignidad que los caracteriza; que los empresarios puedan seguir vendiendo y creando puestos de trabajo, pero como Guardia Civil deseo que este tránsito de mercancía no provoque riesgo para la seguridad ciudadana y que todos juntos, confiemos en los expertos en materia fiscal y seguridad ciudadana, que no son otros, que los responsables de la Comandancia de Ceuta. Cualquier otra medida sería improvisar y, en seguridad ciudadana, las improvisaciones no son recomendables.
*Por Juan Amado González (vocal del consejo)
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