Hoy recibe el reconocimiento de la comunidad escolar y los vecinos por “estar ahí siempre trabajando y con una sonrisa”
Cuando a los niños del Vicente Aleixandre les preguntan por Charo, todos tienen buenas palabras para ella. Dicen que ellos no mienten. Y sus compañeros tampoco. De ella aseguran que no se escapa una mala cara de su rostro aunque tenga un mal día y que tiene brío y energía y se enfrenta a la vida de cara. Quizá por eso, cuando esta vecina ceutí, de 47 años, tuvo que coger la fregona y la escoba para salir adelante cuando su marido enfermó, se arremangó y comenzó a sacar brillo donde se requería. Y de paso, lo saca en los corazones de los que la rodean. Ha sido reconocida por el centro escolar, el CPR y la Asociación de Vecinos de la barriada, como la Mujer Manzanera de este segundo certamen que tiene lugar este año y que hoy se celebrará a las 12:30 en el colegio. “No me lo esperaba y estoy contenta, pero son muchas las mujeres que podrían recibir este homenaje”, explica. Dice que ella lo único que hace es “trabajar y poner una sonrisa... quizá porque cuando llego a casa ya no tengo fuerzas para mucho más”. Se levanta cada día a las 5:00, acude a su primera jornada, en la Confederación de Empresarios a limpiar la sede, regresa a su casa en O’Donnell y entra a las 9:00 en el colegio hasta las 13:00 horas y luego de 15:00 a 19:00. Pero no se queja, su marido está mucho mejor y le ayuda en las tareas. Aunque reconoce ”que son muchos años trabajando mucho y durmiendo poco y eso pasa factura, pero lo volvería a hacer por sacar adelante a mi hijo, que ahora estudia Magisterio, es muy bueno y es el que me da fuerzas para seguir luchando”.
Y se le escapan las lágrimas, porque Charo, ante todo, es “todo corazón”. Lo de ganar la lotería se lo deja a otros, a ella le tocaría “si me pusieran una compañera, porque limpio el centro sola y son muchas clases. Y si mejoraran las condiciones”. Es sindicalista, de CCOO y no deja de reivindicar “cosas justas como una continuidad y no que te echen a la calle en vacaciones a cobrar el paro”. Y la tranquilidad también le hace feliz. “Estar tranquila, sin problemas, en paz con la familia y la gente que quieres”. Charo se siente afortunada, aunque reconoce que es luchadora y negativa a la vez. Intenta ver el lado positivo y recuerda los cuatro años que pasó en el CETI trabajando “muy a gusto. Allí aprendí a valorar lo que tenía cuando llegaban los residentes sin nada”. Y de los niños también aprende cada día muchas cosas. “Hay que escucharlos porque muchas veces son ellos los que te enseñan a tí”, reconoce. Y les escucha. Eso es algo que aprendió hace tiempo: escuchar para ayudar. Y agradecer a todos los que han hecho posible que hoy reconozcan su labor. La de una mujer Manzanera.
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