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Una sola llamada que puede cambiar vidas

Rachid y Hassane son dos hombres con un mismo destino: España. En las próximas semanas podrán subir a los barcos de repatriación que saldrán desde Tánger

“Pues mira ya hoy llamaron a mi marido. Viajará de vuelta a España si Dios quiere este miércoles”, comenta emocionada al otro lado del teléfono Araceli. En ocasiones, una llamada telefónica puede cambiarnos la vida. Y más cuando esa persona lleva tres meses atrapado en tierra de nadie. Siempre hay alguien al otro lado del teléfono para darle ánimos, sus familiares. Pero quizás no hayan sentido en estos meses tal felicidad y alivio hasta que escuchan “le llamamos para confirmar su reserva en el próximo barco desde Tánger a Málaga”.

Al otro lado del Tarajal, en España, sus familiares también celebran esa llamada. Sin creérselo mucho está todavía Araceli, una española que lleva desde enero sin abrazar a su marido. Rachid Nassim es un marroquí de 33 años, que desde hace “muchos años” y hasta hace cuatro meses vivía en Lucena (Córdoba), junto a su mujer y su niña de un año.

“Se fue a Marruecos el 29 de enero con su coche porque su madre estaba muy malita y, pues mira, cuatro meses lleva ya mi niña sin ver a su padre”, contó su mujer. Aún está en El Kelaa des Sraghna, la ciudad en la que nació cerca de Marrakech, cuya actividad principal es la agricultura, y especialmente el olivar, y donde vive su madre.

Araceli, mujer del atrapado: "Dejó el campo para ver a su madre y ahora económicamente no tenemos nada”

Quizás el hecho de que siempre haya estado rodeado de campo y de olivos le hiciera elegir Lucena para vivir y la agricultura como trabajo. Concretamente, la aceituna. Antes de irse tuvo que dejar su trabajo. “Él dejó el campo para ver a su madre y mira... Ahora económicamente no tenemos nada... Y claro, ¿yo cómo lo ayudo si tengo que estar con la niña? De verdad que esto es muy duro”, continuó Araceli.

Fue ella quien desde España le informó el pasado 13 de marzo de que Marruecos había cerrado todas sus fronteras. “Mira que mandé correos a todo el mundo, Embajada, Consulado y nada. Llamaba y me decían que hasta nueva orden. Hemos estado todos estos meses así. No tenía dinero, ni ropa porque cuando viajó era invierno, menos mal que por lo menos estaba en casa de su madre. Hasta que después de rellenar todos los formularios para los barcos le llamaron el domingo”, explicó la española.

En estos cuatro meses Rachid se ha sentido abandonado e impotente por no poder estar junto a su familia. “No tenemos recursos. Él solo pedía no perder su trabajo. Somos una familia humilde y psicológica y económicamente estamos muy mal ya”, concluyó Araceli esperanzada de que pueda su marido volver a la recogida de la aceituna.

La esperanza también la había perdido ya la mujer de Hassane, un marroquí de 39 años que también trabaja en el campo cortando fruta del tiempo o verduras. “Mi marido sufrió muchísimo en Marruecos pero Dios es grande y por fin puede venir a su casa y estar aquí antes de que nazca su hijo”, expresó su mujer, quien prefiere mantenerse en el anonimato.

Hassane viajó a Marruecos, concretamente, a su ciudad natal, Sidi Slimane, cerca de Rabat el 9 de marzo con su coche. También lo hizo para visitar a su madre que “estaba enferma”. “Iba a ir solamente una semana, no iba a tardar más. Se fue el día 9 de marzo y el 13 tenía previsto regresar pero cerraron las fronteras. Me dejó aquí en España sola y embarazada. También dejó su trabajo y le han despedido. Ahora lleva tres meses ahí y tenemos que pagar el alquiler, el agua y la luz. Total, que ha sido un caos”, continuó su esposa.

Hassane, atrapado en Marruecos: "Ocho barcos no son suficientes y espero que dejen venir a todas las personas atrapadas”

Fue ella la que llamó a Hassane cuando cerraron las fronteras. “Estaba por regresar a España el día 13 y me llamó mi esposa para decirme que han cerrado las fronteras. Yo no lo sabía porque no tengo redes sociales ni nada. Llevo en Marruecos ya tres meses desde el 9 de marzo y de dinero no me queda nada. Me mandan mis hermanos de vez en cuando y le mandan a mi mujer también, pero ellos también tienen sus hogares. Además, el dueño de la casa me llama que le tengo que pagar el alquiler. Por eso necesito ir a mi trabajo y a mi casa con mi esposa que está sola y embarazada”, explicó el marroquí.

La espera de Hassane y de su mujer, que está “casi de nueve meses”, terminará la próxima semana. Él será de los que viaje en el barco del 17 de junio y podrá estar cuando nazca su hijo. “De todas formas espero que hablen de que ocho barcos no son suficientes y que dejen venir a todas las personas atrapadas, que son muchas de verdad”, concluyó Hassane.

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