En una temprana mañana de otoño, en la añoranza de no oír como de costumbre, el canto peculiar con su jolgorio, “a mis amigos los gorriones” posados en su gran pino, y al momento levantan su vuelo y a su vez ofrecen el día, con su canto vivo y alegre, en agradecimiento al Dios de la creación. Y como siempre yo también lo ofrezco a Jesús de la Divina Misericordia, así mismo, a la Santísima Virgen Inmaculada.
Y de hecho: una vez más, Jesús de la Divina Misericordia a su escogida, Santa María Faustina, para llevar al mundo el último mensaje en uno de los artículos de su diario, le dice: ¡Hija mía! Deseo que tu corazón sea la sede de mi Misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero, a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía, que tanto deseo para las almas. Reza cuanto puedas por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en mí misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza, quienes la tienen, muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas, en el último momento dependió de tu oración.
Tú conoces todo el abismo de mi Misericordia, entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que mi Misericordia deje de abrazar a un alma confiada. ¡Pues bien! Acompaño frecuénteme a las almas agonizantes e impetro para ellas la confianza en la Divina Misericordia y suplico a Dios la magnanimidad de la gracia de Dios que siempre triunfa. La Divina Misericordia, alcanza al pecador a veces en el último momento de modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera perdido, pero no es así, el alma iluminada por un rayo de la fuerte y última gracia Divina, se dirige a Dios en el último momento con tanta fuerza de amor que en ese último momento obtiene de Dios (el perdón) de las culpas y de las penas, sin darnos por fuera alguna señal de arrepentimiento o de constricción, porque ya no reacciona a las cosas exteriores. ¡Oh! Qué insondable es la Divina Misericordia. Pero ¡Qué horror! También hay almas que rechazan voluntaria y conscientemente esta Gracia y la desprecian. “Aún ya en la agonía misma”. Dios misericordioso da al alma un momento de lucidez interior y si el alma quiere tiene la posibilidad de volver a Dios. “Pero a veces en las almas hay una dureza tan grande que conscientemente eligen el infierno. Frustran todas las oraciones que otras almas elevan a Dios, por ellas e incluso los mismo esfuerzos de Dios”.
Estimados lectores: Meditemos y reflexionemos en lo más profundo de nuestras consciencias el texto y muy particularmente el último apartado, hasta donde podemos llegar, por la codicia y la lujuria del pecado. Y recibir la Santa Comunión sin pasar por el Sacramento de Confesión. “De alerta advertencia”, lo que nos dice en su diario, la escogida Santa María Faustina. Pero ¡qué horror! Pues el infierno está lleno de condenados, en el fuego eterno.
Airports of Morocco (anteriormente conocida como ONDA) ha anunciado la puesta en marcha de un…
La Autoridad Portuaria de Algeciras ha activado desde este mismo viernes el dispositivo de refuerzo…
La titular del Juzgado de Instrucción número 32 de Madrid ha decidido cancelar la orden…
El Hotel Parador de la Muralla ha acogido este jueves la I Convención del Grupo…
La Audiencia Nacional, concretamente la Sección Tercera de la Sala de lo Penal, ha emitido…
La Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE) ha clausurado este viernes de forma oficial…