Cuando en política se habla del interés general es el instante en que los servidores públicos, los políticos para entendernos, dejan de lado intereses personales, intereses partidistas y se preocupan realmente de lo que los ciudadanos necesitan.
Hoy en día se habla mucho del desapego de la clase política en relación con los votantes, como si los políticos vivieran en una urna de cristal donde no les afectara para nada las opiniones de los administrados.
Y vamos a abordar un problema que es básico, por no decir esencial en cualquier ciudad, la limpieza y más en una ciudad como la nuestra donde por sus especiales condiciones no se dan las circunstancias idóneas para que brille el trabajo que pueda desarrollar una empresa ni tampoco el esfuerzo económico que realiza un Ayuntamiento.
Si hacemos una encuesta en la calle y le preguntamos a cien, a quinientos o a mil ceutíes, a buen seguro, que todos coincidirían en que Ceuta no presenta un estado de limpieza óptimo, sino que deja mucho que desear. En los comentarios de la calle son los ceutíes quienes se quejan del estado de limpieza en general y de su barrio en particular.
Ni por asomo, esta ciudad presenta hoy en día el mismo aspecto que a mediados de la pasada década cuando se recibió la ‘Escoba de Plata’ y éramos el municipio que presentaba el mejor aspecto de Despeñaperros para abajo. Sin embargo, mirar hacia atrás no sirve para nada cuando estamos a punto de entrar en la tercera década del siglo XXI.
En todo caso, mirar hacia atrás nos puede servir para coger impulso, aprender de los errores y no volver a cometerlos en un futuro. En este análisis sobre la situación de la limpieza en nuestra ciudad no se pretende buscar culpables, sino encontrar soluciones para arreglar el problema.
No se pretende analizar si el pliego de condiciones que se formalizó en los primeros años de la década no era el adecuado y si tenía muchos fallos, si la empresa cometió un error al presentarse y además realizar una baja del diez por ciento, si el intento que hizo el Ayuntamiento de incrementar la factura en el máximo que le permitía la Ley de Contratos cumplió con su objetivo, si las detracciones que realiza todos los meses el Ayuntamiento a la empresa Trace desde junio del año pasado están bien o mal realizadas, si los protocolos de análisis del trabajo de la empresa se van a hacer o no y así podríamos estar horas y horas viendo defectos de este edificio que comenzó a construirse en el año 2012 con la realización de un pliego de condiciones para la adjudicación del contrato de limpieza.
En este análisis sobre la limpieza en nuestra ciudad no se pretende buscar a culpables sino encontrar soluciones para arreglar el problema”
Vuelvo a repetir que mirar hacia atrás no sirve para nada. Lo que vale es constatar una realidad y encontrar una solución, no ya por los intereses del Ayuntamiento, que es una realidad; ni por los intereses de la empresa concesionaria, que también, sino por el interés general de todos los ceutíes. Desde el primero hasta el último.
Tengamos en cuenta que una de las competencias básicas de cualquier Ayuntamiento, por no decir la más importante, es la limpieza y es una realidad que nadie está a gusto. Ni está a gusto el equipo de Gobierno, ni está a gusto la propia empresa, pero tampoco los ceutíes que es lo más importante.
Es una realidad que se viene pudriendo desde hace más de un año y medio. Por entonces ya comenzó a conocerse el inicio de negociaciones entre la Ciudad Autónoma y Trace con la intención de lograr la rescisión del contrato, pero, desde entonces, no ha existido ningún acuerdo entre ambas partes, ya que el problema principal se encuentra en el aval de varios millones de euros que tiene depositada la empresa.
Debe ser una negociación donde se imponga el interés general de los ceutíes por encima de los intereses políticos y de los empresariales”
Desde entonces se han buscando mil y una fórmulas, hasta el encargo de una auditoría tanto económica como del funcionamiento del servicio.
Unas auditorías que debían haberse entregado en unos meses, antes de finales del año pasado y que se prolongaron en el tiempo hasta casi el comienzo del recién pasado verano. Ceuta no está para perder más el tiempo.
Ahora mismo, tanto la Ciudad Autónoma como la empresa Trace están esperanzadas en el informe que debe remitir en las próximas semanas el Consejo de Estado, de manera que se le ha preguntado al máximo órgano consultivo de la administración si la adjudicación que se le ha hecho a Trace puede ser entendida como un contrato de prestación de servicios y, por tanto, se puede resolver cuando se cumplan seis años (enero de 2019). Lo malo de esto es que tanto unos como otros están apostando todo el dinero a un solo número y pudiera ser que al final no venga a resolver nada.
Entiendo que tanto la Ciudad Autónoma como la empresa Trace están obligados a sentarse en una mesa, cerrar la puerta y tirar la llave, de manera que no salgan de la habitación hasta que no hayan encontrado una solución. El Gobierno tiene que solucionar el problema porque no se puede continuar por más tiempo de esta manera y más con una empresa que está más pensando en poder irse que en otra cosa y razón, desde luego, en ocasiones no le falta.
Y, por otro, una empresa que sabe que no ha llevado a rajatabla el cumplimiento del pliego de condiciones porque de hacerlo las pérdidas que llevaría acumuladas aún serían más importantes. Entrar en una guerra abierta entre unos y otros no es bueno porque al final no habrá una solución que es lo que interesa a ambas partes.
En la vida todo tiene solución menos la muerte y cuando existe buena predisposición para el entendimiento y para el diálogo al final se encuentren puntos de encuentro.
Debe ser una negociación donde se imponga el interés general de los ceutíes por encima de los intereses políticos y los intereses empresariales. Es un pensamiento que han de tener los negociadores de cada una de las partes porque, de otra manera, sería imposible llegar a un punto de acuerdo que satisfaga a todos.
Ceuta no se merece estar por más tiempo en este callejón sin salida, ofreciendo no solamente esa mala imagen que observamos todos los ceutíes, sino también la imagen que ven quienes nos visitan.
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