Moro, interlocutor en la conversación en la que se acusa a Rajoy de "cacería"

  • La reunión fue pinchada y su transcripción está incluida en los últimos tomos del sumario del caso Lezo

El exdelegado del Gobierno en Ceuta Luis Vicente Moro mantuvo una reunión en enero con el expresidente madrileño Ignacio González en la que este último acusó al extesorero del PP Álvaro Lapuerta de iniciar, con el "consentimiento" del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, una "cacería" contra él con el espionaje que le hicieron en Colombia en 2008, pagado, dijo, por el empresario Juan Miguel Villar Mir.

Esta reunión de media hora que tuvo lugar en enero de este año en la que González contó a Moro su versión fue pinchada y su transcripción está incluida en los últimos tomos del sumario del caso Lezo, a los que ha tenido acceso Efe.

En ese encuentro, en el que pidió ayuda a Moro, González asegura que tiene "más o menos acreditado" que es Lapuerta quien "monta" esa operativa y que "Villar Mir es el que paga a los detectives" que le hacen "todo el montaje".

Ese supuesto montaje habría contado con "el consentimiento" de Rajoy a raíz de una "agarrada" que tuvieron ambos tras el congreso del PP que se celebró en Valencia en junio de 2008, en el que salió publicado que Rajoy le había "afeado la conducta" a González.

"Yo me cojo un cabreo y me voy a hablar con Rajoy y tengo con él una agarrada en el despacho de cojones", dijo González

"Yo me cojo un cabreo y me voy a hablar con Rajoy y tengo con él una agarrada en el despacho de cojones, y a partir de ahí es donde empieza la cacería", afirma el expresidente madrileño.

Según su versión, tras ese enfrentamiento Lapuerta y Villar Mir se reunieron con Rajoy y el expresidente de OHL le dijo al presidente del Gobierno que González había cobrado comisiones en la adjudicación del tranvía de Navalcarnero, una obra adjudicada a OHL en 2007 pero que no se llegó a realizar.

"Tienen una reunión con Mariano Rajoy, porque de eso me he enterado a través de uno de los abogados de (Luis) Bárcenas, en la que le dice que yo me he llevado la pasta. Y entonces esos hijos de puta me montan esta historia".

Va más allá González, en prisión por el caso Lezo, al acusar también al exconsejero madrileño Francisco Granados de estar detrás de esta supuesta operación de espionaje contra él: "Esa información de todo, para hacerme el seguimiento, se la pasa Granados".

González asegura que tiene "acreditado" que Villar Mir pagó a los detectives que le siguieron en Colombia porque "con el paso de los años" se fue haciendo "más amiguete" del yerno del empresario, Javier López Madrid, hasta que éste le llegó a confesar que "su suegro ha pagado a los detectives".

López Madrid, a quien González reconoce que metió a trabajar en Bankia -fue condenado luego por las tarjetas "black"-, también confesó que Villar Mir "le daba dinero a Lapuerta aparte para el partido".

En la reunión, González se defiende ante Moro de las cuentas en Suiza que se le atribuyen y asegura que fue el "hijo de puta" del diputado autonómico Jesús Gómez quien dijo a Carlos Floriano y a María Dolores de Cospedal que tenía una cuenta en el país helvético, apoyándolo en "un papel".

"Fíjate cómo monta la policía lo de las cuentas en Suiza, con esto montan un pollo, un papel guarro que no acredita nada", explica.

Los "amigos americanos" de Moro

También le pide ayuda a Moro para que sus "amigos americanos" le echen una mano a la hora de averiguar de quién era la cuenta en México de la que salieron 1,4 millones de euros de una supuesta comisión de OHL por la adjudicación de Navalcarnero, que acabaron en una cuenta en Suiza del empresario Adrián de la Joya.

González niega haber cobrado él ese dinero y apunta como posibles beneficiarios a López Madrid, a Granados, a De la Joya y a su "socio e íntimo amigo" el excomisario José Manuel Villarejo. "Ahí están todos metidos, por eso se ha tapado todo", dice.

Tras todo este relato reclama a su interlocutor que averigüe si la cuenta de México es de OHL y Moro apunta varios datos en un papel en blanco tomando muchas precauciones.

"Dame un papel, dame un papelín, que no quiero tu letra por ningún lado", le dice en primera instancia, y cuando González le imprime un papel con los datos insiste pidiéndole que "no queden rastros" en él.

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