La entrada masiva de miles y miles de personas en Ceuta tras la inacción de Marruecos -hecho recogido en un informe del CNI- ha supuesto un duro golpe para una ciudad en la que aún no se ha alcanzado la normalidad.
Pero no solo eso, se ha provocado una brecha peligrosa en el ámbito social de la que se tardará en salir y que puede terminar siendo uno de los problemas más graves para las generaciones actuales y venideras.
La Ceuta de antes del 30 de julio no es la misma de ahora en todos los sentidos. Lo que ocurrió en esa jornada ha sido gravísimo, se ha erigido en uno de los asuntos más graves sufridos por esta ciudad sino el más de todos sin margen de duda.
Tomando esto como referencia, lo que menos puede esperar el ciudadano es asistir a un enfrentamiento entre administraciones o a una politización de lo ocurrido. Y a esto, desgraciadamente, es a lo que parece que algunos nos quieren conducir con sus intervenciones, mensajes e indirectas.
No se puede caer tan bajo en una ciudad que arrastra todavía muchísimos problemas, en una ciudad tocada en lo psicológico y emocional.
No podemos convertir esto en un juego de niños en el que los que deben poner orden terminan enviándose mensajes a golpe de ‘tuit’. Ni es serio ni es lo que necesitan los ceutíes. La política que se espera es otra, es la practicada por políticos serios que no están manejando la situación mediante su aparición en ventanas vía redes sociales. Esa no es la solución, ese es el orgullo insano e impropio para sacar a Ceuta adelante.
El Gobierno de España no ha tratado este asunto con la seriedad debida desde el minuto uno. No lo ha hecho cuando existían alertas previas de lo que podía suceder y cuando, ocurrida la entrada, se actuó con demasiada pasividad, disponiendo las medidas mal y tarde.
Ni un perdón, ni un reconocimiento de la pésima gestión demostrada en verano, en un agosto para olvidar.
Qué menos que ahora no se alimente el fuego con una especie de guerrilla política que a nadie beneficia y que lo más que puede causar es un impacto en un ciudadano que quiere soluciones, no políticos ni administraciones enfrentadas.
La Ciudad tiene todo el derecho a seguir protestando, denunciando y criticando la falta de información en cuanto a cifras de entradas, gestión en materia de menores, repatriaciones, devoluciones…
Tiene todo el derecho a ser crítica por cuanto ni hay transparencia ni claridad en muchas de las declaraciones que se han ofrecido. Esa Ciudad es la voz de la alcaldía, la de un pueblo que ni siquiera sabe a estas alturas quiénes son las personas que puede haber en las calles. Eso es lo peor.
Responder con mensajes en redes sociales no es serio, como tampoco lo es alimentar que la maquinaria se entorpezca de forma constante sin que podamos salir de esta.
Hay que reconducir el camino con la mayor celeridad posible, hay que colocarse en el punto medio, en el de la seriedad, para no incurrir ni en lenguajes broncos ni en enfrentamientos más propios de barra de bar.
Ceuta no se merece que todo esto nos lleve a un callejón sin salida porque, precisamente, lo que hay que hacer es dar con la luz al final del túnel con la mayor rapidez.
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