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Lágrimas de cocodrilo

Cuando utilizamos la expresión “derramar lagrimas de cocodrilo” nos solemos referir a alguien que finge dolor o tristeza. El origen de dicha expresión viene del momento en que los cocodrilos devoran a sus presas y como consecuencia lloran.

La acción de llorar en el momento de comer podría ser causado a que al respirar mientras mastican se presionarían las glándulas lacrimales que finalmente secretarían liquido en los ojos de los cocodrilos. Coloquialmente lo usamos para describir una muestra falsa o poco sincera de emoción, propia de una actitud hipócrita, como el llorar falsamente.

Los que nos dedicamos al “arriesgado” oficio de enseñar no nos cansamos de gastar dinero en pañuelos para secar esa lágrimas de cocodrilo, cada vez más comunes, en el alumnado.

Inventos, excusas, fingir muerte de familiares, asistir a entierros en los que no hay cadáver, viajes de última hora y todo lo imaginado; terminarán, como colofón final, en un llanto acocodrilado que intentará provocar la pena y misericordia del docente.

No entregar un trabajo a tiempo, no asistir a un examen, pedir hacer cualquier tarea para aprobar la asignatura, etc... Como no quedan motivos de peso el último recurso es activar esa lágrima que tan buenos resultados da en muchas ocasiones.

He visto llantos para subir nota, en la revisión de un examen, a la hora de conocer las calificaciones y en cualquier situación ad hoc que todo hijo de vecino pueda suponer.

Esas lágrimas son mágicas y tienen efectos inmediatos: sobresalientes a los notables, aprobados a los suspensos e incluso el efecto Tsunami entre profesores porque el discente quiere hacer medicina y hay que echarle un cable, promocionar de curso o titularlo no sea que se traumatice la criatura y las lágrimas se vuelvan en ristras de bofetadas (en sentido figurado) por parte de padres, inspección e incluso abogados, en algunas circunstancias puntuales, agarrándose a cualquier defecto de forma en el proceso de evaluación.

Los efectos secundarios son evidentes: la enseñanza en estado terminal. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

La distopía en vena: notas infladas, padres presionando, niveles educativos por los suelos, aprobar para evitar conflictos, hacerse el ciego cuando presenten trabajos realizados por la IA, hacerse el sordo para no tener en cuenta todo lo que escuchas en una clase o pasar por despistado aunque sepas que copian con técnicas que ya ni conoces.

¿Tendrá que llorar lágrimas de cocodrilo la enseñanza pública? ¿Nos tocará a los docentes ahogarnos por una Dana provocada por nosotros mismos?

Ahora las expresiones “sabe latín” o es “un bachiller” serán sustituidas por la RAE al perder su significado original.

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