La sociedad, me parece, está enferma. Lo está en lo político, en lo económico y en lo social. En lo político porque todavía las distintas formaciones no se han dado cuenta de que hemos llegado a menos por la división que engendran la diversidad de tendencias de toda clase para alcanzar el poder; porque los separatismos locales, llamados por un vasco “resentimientos aldeanos” provocan la desunión del conjunto
de una nación que debiera continuar siendo soberana, y porque la lucha de clases ha enfrentado a unos contra otros acusándose mutuamente de sus conductas desordenadas en todos los aspectos, sin importarles nada las desigualdades, la decencia y la honorabilidad.
Deberíamos todos llegar a un acuerdo de emprender una empresa colectiva que definitivamente supere estas diferencias y pensar que políticamente no hay nada más grande y más noble para un Estado, Nación y País que la unidad y seguir siendo un Estado soberano, una Nación soberana y un País soberano, sin que nadie venga a decirnos si España debe o no suicidarse. Quienes esto pretendan no merecen más que nuestra repugna, nuestra repulsa y nuestro gesto de desprecio. Ellos son los que propician su propia desigualdad, su propia exclusión.
Además, este desorden político, económico y social tiene otras vertientes. Vemos la ignorancia supina imperante no solo de quienes deben recibir formación ética, moral y cultural sino de quienes están llamados a facilitarlas por tener el poder otorgado por el sistema de votación de 50 m ás uno. La incultura, la falta de probidad, la falta de sentimientos y el exceso de libertad desmesurada; la ambición enfermiza de poseer mucho poder económico y un sinfín de cosas a las que se ha llegado, aunque los que mandan y algunos medios de difusión y divulgación pretendan silenciar.
Con gran sarcasmo yo diría esto: “Sé que no sé nada, pero no me interesa saber; sé que no saben nada, pero no nos interesa que sepan”. Así se les maneja mejor.
Escribí yo esta carta certificada con AR y procedimiento administrativo CD00989447828 el 17 de febrero del presente año de 2014 al presidente del actual Gobierno de España, ¡nada menos que de España! sobre la unidad de España que titulé España, piel de toro, refiriéndome a los tres poderes (tres patas) que sustentan la gran mesa de mármol que es España.
¡Dios, qué buen vasallo, si tuviera buen señor!
Dios, qué buenos españoles seríamos si tuviéramos unos buenos gobernantes.
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