Los actos de la Merced, celebrados el pasado lunes, sirvieron para que los políticos y los cargos elegidos por esos mismos políticos, sacaran a pasear un discurso basado en la más absoluta hipocresía política. Me explico. Tanto el director de la cárcel como el propio delegado del Gobierno hicieron hincapié en la necesidad de trabajar en la reinserción y en la adopción de medidas que faciliten la incorporación a la sociedad de quien ha tenido que pasar más o menos años entre rejas. Los que delante de un micrófono y ante las autoridades claman por esa reinserción son los mismos que luego, cuando hay un asunto que se les escapa de las manos, insinúan a determinados periodistas que deberían investigar los antecedentes de quienes resultan molestos en ese momento. ¿A qué caballo jugamos? Al de apoyar a los que están cumpliendo condena para que salgan a la calle reinsertados evitando que vuelvan a ser delincuentes o al de sacar la particular hoja de ruta delincuencial que puede tener el que nos resulta molesto porque se sube a una grúa a poner en evidencia el sistema... A mí que me lo expliquen, porque ni me gustan las medias tintas ni que un acto como el de la Merced, que siempre ha sido abierto a la prensa, no termine convirtiéndose en una escenografía barata de intenciones mal enfocadas.
Vienen tiempos difíciles, de anuncios que disgustan a buena parte de la población y de medidas que serán rechazadas de una u otra manera. Cuando menos, ante situaciones así, se espera que no haya bailes, cambios de postura, disparidades... ante políticas en las que se supone que debe quedar más que demostrada la claridad de ideas y no los oportunismos del momento.
¿Políticas de reinserción?..., sí, pero defendámoslas siempre y no cuando interesa. ¿Acercar la cárcel al ciudadano?... también, pero más allá de la Merced, permitiendo que la prensa pueda trabajar libremente haciendo sus reportajes sin trabas y facilitando, como siempre se ha hecho, la entrada en prisión. Lo contrario es sinónimo de ocultismo. Y esa palabra, cuando hablamos de la cárcel, suena hasta peligrosa.