Opinión

La protesta, por Carmen Echarri

Hoy es el día. La manifestación en protesta por lo que sucede en la frontera nos afecta a todos. Acudir es una obligación. Tanto lo es que esta protesta debería ir encabezada por el delegado del Gobierno si es que a estas alturas es capaz de reconocer el desastre que lleva repitiéndose en la zona sin solución válida. A su lado debería estar el presidente Vivas: qué mejor expresión del daño que sufrimos que dejar plantado a don Mariano en su cita para que se dé cuenta de lo que hay.

Junto a los dos cabría espacio para miembros del PP, pero ayer decidieron proponer una charla alternativa así que no podrán estar. Fíjense qué coincidencia. Esta semana ha sido agotadora para todos ellos, después de habérseles ocurrido organizar tantos actos con la prensa. Coincidencia nada más.

Como les decía por una razón u otra, todos estamos condicionados por lo que sucede en esa línea de doble moral y criterios cambiantes, en donde los derechos desaparecen de un plumazo y las protestas quedan perdidas. En estos días previos hay quien ha mostrado su malestar por los convocantes. Están equivocados. La manifestación no es una crítica para salvar las posaderas a los empresarios que ahora ganan menos, tampoco es hacerle el juego a los sindicatos. Puede que sus rostros estén ahí, representando una voz crítica, pero se trata de un acto en el que hay que visibilizar más allá de un comentario en Facebook lo que está pasando.

Y lo que ocurre es lo suficientemente grave como para alzar la voz para decir que es injusto quedarse horas atrapados sin solución, que es inmoral que cruzar Tarajal parezca un acto de delincuentes porque sólo queda que ordenen que nos revisen hasta las etiquetas de las bragas o calzones que llevamos, que es una vergüenza que se hayan cargado de un plumazo las relaciones sociales gestadas durante años y años entre países, mermando amistades, impidiendo visitas, anulando nuestra capacidad de convivencia entre países.

Si a esto añadimos todas las vergüenzas que se dan cita en ese entorno debería ser suficiente como para que Ceuta entera saliera a la calle, sin creer que esto es una cuestión de los cuatro señores del reino. Porque es algo de todos y por todos. Pensar lo contrario no es solución.

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