La comunidad musulmana celebró ayer la Pascua del Sacrificio participando de una jornada en la que, por extensión, toda Ceuta lo notó. Hubo colegios a los que no acudió ni un solo alumno, al ser de religión musulmana, y otros en los que la cifra fue tan irrisoria que el profesorado tuvo que apañárselas para transformar la jornada lectiva en otra más lúdica. Establecimientos como el mercado quedaron mermados e incluso zonas de gran actividad como la Gran Vía quedaron a medio gas. La comunidad musulmana es ya el 50 por ciento de la población y eso se nota en la celebración de las fiestas, sean éstas o no consideradas festivas en el calendario laboral. La realidad social es la que manda y Ceuta va adaptándose a ella, asumiendo con normalidad unos cambios que deben estar ajenos de cualquier polémica interesada. Porque, desgraciadamente, siempre hay quienes aprovechan para sembrar crispación donde no la hay.
La celebración del festivo laboral de la Pascua del Sacrificio difícilmente va a estar marcada por el acierto. Eso es algo que debe ser asumido por todas las partes. Ceuta ha dado el paso de cambiar un festivo por otro, conseguir que cuadren en la fecha resulta complicado desde el primer momento en que esta celebración se rige por un calendario lunar. El paso dado para que una Asamblea se haya puesto de acuerdo y con el visto bueno de todos los partidos se haya aprobado la inclusión de esa festividad es lo verdaderamente importante. Ha sido un paso importante, en el que PP, Caballas y PSOE han demostrado ir más allá de los prejuicios que, de forma insistente y falsa, pretenden ser introducidos por algunos sectores.
Este año, al igual que el pasado, se ha errado en la señalización de la fecha, situándose el festivo un día antes del que finalmente se marcó. Cuando lo importante, que es reconocer la festividad de esta celebración, se ha logrado, hay quienes han sacado a pasear toda su inquina para abrir frentes donde no los hay. Evidentemente, en ese bloque integrado por resentidos, se ha primado el ataque al Gobierno y a su presidente, Juan Vivas, señalándolos como los causantes de un perjuicio a la ciudad similar al fin del mundo por el baile de las fechas. ¿Acaso existe todavía una torpeza de tal calado que no se sabe diferenciar lo que es una decisión unilateral del Gobierno de Vivas de lo que es un acuerdo plenario de todas las fuerzas políticas con representación? Más bien lo que hay es un apuesta por la difusión de falsedades para intentar culpar a quien lleva la batuta de la gestión pública de esta ciudad de todo lo malo que pueda suceder, así que de forma interesada y falsa se obvia la existencia de un acuerdo plenario.
En esa obsesión manifiesta de los resentidos por la figura de Vivas no se ha reparado en lo ridículo de un discurso con el que se está llegando a cuestionar el paso dado por la convivencia en esta ciudad al haber conseguido mostrar la sensibilidad necesaria hacia la comunidad musulmana para la inclusión de una fiesta reconocida en el calendario laboral. La obsesión y el daño motivado por intereses particulares mermados se transforma en la crítica por sistema, sin sentido, falsa y carente de fundamento. Todavía habrá que culpar a Vivas de la muerte de Manolete... tiempo tendrán.
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