Siempre ocurre lo mismo. Cuando se critica alguna gestión política que tenga que ver con la seguridad, nuestros inteligentes gobernantes sacan a pasear los elogios hacia la Policía, desviando la pureza de esa denuncia social hacia un terreno en el que parece que quien protesta está arremetiendo contra las fuerzas de seguridad. No es así. La Policía que no es tonta lo sabe. Saben que ellos son unos mandados y que no van a intervenir si sus jefes no dan la orden y esos jefes no la darán si la clase política no levanta el teléfono y lanza el típico ‘adelante’, siempre refiriéndonos a asuntos de ámbito social como ha sido la ocupación masiva en Huerta Téllez.
Dice el Gobierno que no se qué “autoridades judiciales” les han felicitado verbalmente por la actitud impecable que han tenido. Me gustaría saber qué juez ha podido felicitar el gesto de un Gobierno que no dio la orden a la Policía Local o a la Nacional para actuar cuando se estaban cometiendo delitos en la vía pública, no en una promoción privada. Porque hubo saqueos, subastas públicas de casas, destrozos... es decir, delitos que no fueron perseguidos. Me cuesta creer que un juez diga que eso estuvo bien, sentaría un precedente demasiado malo. Porque no, porque el día de la ocupación masiva no se actuó bien, porque el mítico lunes en el que existen grabaciones de personas destrozando puertas y metiéndose en casas, nuestra clase política debía haber sido valiente y haber evitado la comisión de delitos encomendando a las Policías dependientes el operativo debido. No se hizo. Se pide una reflexión colectiva, que el ciudadano piense que esto no es la ley de la selva. El ciudadano ya no cree en nada, menos en unos gestores incapaces de afrontar un hecho como este o de, teniendo noticias de lo que iba a suceder, haber forzado a los responsables de la promoción a incrementar la vigilancia en el lugar. Todo menos verse superado por una historia que nunca debió ser la que hoy tenemos, asistiendo ahora a un espectáculo de presión con el que se pretende acallar la debida crítica social.
Una clase política responsable y madura debe dejar de enrocarse en su orgullo y aceptar sus patones, sus errores. Pero últimamente veo demasiada soberbia, tanta que hasta se felicitan por uno de los espectáculos más bochornosos a los que todos hemos asistido sin observar, desde la barrera, la respuesta oficial debida. Que me expliquen cómo puede llegarse a este grado para entender realmente qué nos está pasando.
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