Informar asépticamente consiste en un proceso mucho más complicado del que la gran mayoría de personas ajenas al mundo periodístico puede imaginarse. Desde que se produce el hecho hasta que finalmente este es publicado, los elementos que componen el acontecimiento atraviesan numerosas etapas de naturaleza humana que tienen impresas, de forma inevitable, ciertos condicionamientos. Unos utilizan estos condicionamientos intencionadamente para virar la información hasta la coordenada que codician, y los otros, pese a que no lo desean, tienden a hacerlo aunque en menor medida, pues no pueden escapar a la imperfección humana. Esto establece una objetividad e imparcialidad inalcanzables de por sí.
Partiendo de aquí, se puede divagar acerca de qué informaciones están más cercanas a la barrera de la objetividad pero, excepto en casos basados en cuestiones cuantitativas, es imposible afirmar con razones contrastables su pertenencia a dicho grado absoluto.
Por ende, exigir objetividad e imparcialidad meridianas en los medios de comunicación es un acto de agudizada incultura, terquedad o estupidez, o un poco de cada una, que es siempre la opción más socorrida.
Se podría entender, incluso sería edificante, una postura más factible, en la que los personajes que ahora reclaman esta desgastada utopía reivindicaran un trabajo honesto, una manera de trabajar que produce frutos lo más higienizados posible.
Pero no es así, demostrando esta actitud la poca profundidad y relevancia que ostentan sus demandas, y en consecuencia la exigua atención que merece.
Por otra parte, es curioso que tras años de oclusión en la televisión nacional española en la que pocos o ninguno de estos señoritos y señoritas criticaban sus procederes, ahora se ataque a dicha televisión achacándole ser dudosamente objetiva e imparcial, y por lo tanto poco seria, sobre todo cuando hace un par de años uno de sus telediarios fue considerado el mejor del mundo por los “TV News Awards”, aun por encima de algunos noticieros muy prestigiosos como los de la BBC británica o los de la ABC o CBS norteamericanas por citar algunos ejemplos.
Pero ni siquiera esto sirve de prueba para algunos de la notable labor que realiza TVE y de su esfuerzo por ser lo más objetiva e imparcial posible. Solamente aquellos son lo necesariamente perfectos como para determinar lo que es y lo que no es. Los demás estamos de relleno. Claro.
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