Reiniciamos la andadura por un sendero que ahora nos parecía un poco más agreste. Los árboles cubrían agradablemente parte del Camino gnerando sombras frescas que aliviaban en gran medida el calor.

Aquel día hacía muchísima calor. Recorríamos el Camino del Sudeste –Vía de la Plata, cuando topamos con un enorme edificio en medio del campo, era el Monasterio de Santa María  La Real de Oseira. Viéndolo nos parecía increíble que semejante monumento pasase inadvertida para la mayoría del personal que visita Galicia.

Tal maravilla dio lugar a que se informarse de su fundación, allá por el siglo XII, por obra de monjes cistercienses que con su piadosa tarea habían ejercido amplia influencia y beneficio  en las cuatro provincias. De su arquitectura, que muestra elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos, todo se vino al traste cuando el gobierno liberal de Isabel II , en 1836, expolió a la Iglesia de  sus bienes en la llamada desamortización de Mendizábal, ya que tal robo produjo la irreparable desaparición de obras de arte de incalculable valor y la postrer ruina de su construcción. A partir de 1924, derogadas las leyes desamortizadoras, “El Escorial Gallego” volvió a resucitar gracias al esfuerzo de los frailes que consiguieron para el complejo monacal  la consideración de Monumento Nacional.

Reiniciamos la andadura por un sendero que ahora nos parecía un poco más agreste. Los árboles cubrían agradablemente parte del Camino generando sombras frescas que aliviaban en gran medida el calor. En una hondonada donde el agua  se había estancado de tal manera que la senda  se había convertido en un tramo de barro difícil de sortear sin embarrarse, nos detuvimos para averiguar cómo podríamos sortearlo. Mirando al suelo, con la finalidad de hallar el mejor paso, vi algo casi redondo y claro que destacaba entre el color oscuro de la tierra mojada. Me agaché y al verla de cerca me di cuenta que era una moneda. Después  al limpiarla en una fuente, aunque estaba un poco deteriorada pude leer, no sin cierta dificultad,  lo que ponía en el anverso rodeando la efigie del joven rey, “Alfonso XIII POR LA GRACIA DE DIOS, 1896”, y en el reverso alrededor del  escudo , “REY CONSTITUCIONAL DE ESPAÑA.UNA PESETA”.

Aquel hallazgo nos hizo imaginar cantidad de razones que explicasen el cómo y el porqué aquella moneda  llevaba  oculta más de cien años en aquel lugar.

Aún la conservo junto a otros recuerdos de mi peregrinaje.

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