Sin memoria, no sabríamos quiénes somos. Nuestra personalidad, nuestra identidad, no podría construirse. Por eso, a la pregunta ¿qué es la memoria?, una respuesta adecuada podría ser que es un vínculo con nosotros mismos. De ella decimos que es dinámica. Esto quiere decir que nuestro estado de ánimo, influye en la manera de almacenar la información que retenemos. Este hecho, tiene una consecuencia interesante, y es que los recuerdos que evocamos, están en sintonía con nuestra manera de pensar y de sentir en ese momento. Por este motivo, los recuerdos de acontecimientos felices, vendrán a nuestra mente con más fuerza y frecuencia, si nuestro estado de ánimo es también positivo. Por el contrario, cuando estamos tristes, es más probable que vengan a nosotros los recuerdos de sucesos que nos dejaron una impresión negativa, una marca de desánimo y desaliento. Cuando hablamos de problemas relacionados con el olvido, solemos distinguir entre el olvido patológico y el olvido benigno. El olvido patológico está causado por alguna enfermedad. La más conocida, es el mal de Alzheimer. En cuanto al olvido benigno, es normal que al ir cumpliendo años, sobre todo a partir de los 50, empecemos a experimentarlo. Este tipo de olvido, es un conjunto de pequeños fallos de la memoria, que no suponen una alteración seria en el desarrollo de nuestras actividades cotidianas, por lo que se pueden calificar como algo simplemente molesto. Pero, ¿hay algo que podamos hacer para mantener en forma la memoria y aliviar los efectos del olvido benigno? La respuesta es sí. Existen estrategias que están al alcance de cualquiera de nosotros y si las aplicamos con frecuencia, pueden ayudarnos a combatir el deterioro normal que con el paso del tiempo, sufren nuestras capacidades mentales, incluida la memoria.
Estas estrategias, se agrupan en tres tipos de actividades que componen lo que podríamos llamar un “programa de protección de la memoria”: 1. “Actividad física”: andar, pasear. Está comprobado que el ejercicio físico moderado, a cualquier edad, previene o retrasa los efectos normales del envejecimiento, tanto en el aspecto físico como en el mental. 2. “Actividad intelectual”: leer, ampliar conocimientos sobre algún tema, el no dejar de aprender cosas nuevas. La actividad intelectual continuada es un componente esencial para evitar el deterioro de nuestras funciones cognitivas, es decir, todo lo que tiene que ver con nuestras capacidades mentales. 3. “Actividad social”: no aislarnos; no encerrarnos, ni en casa, ni en nosotros mismos. Es vital salir al encuentro del mundo; conversar con amigos; construir y disfrutar de relaciones afectivas gratificantes. Pues bien, todas estas actividades, físicas, intelectuales y sociales, nos aportan bienestar físico, psicológico y emocional; nos protegen de la aparición de esos sentimientos de soledad y desánimo y también de enfermedades como la depresión. Por último, hay una función, que si aprendemos a desarrollar, puede convertirse en un importante aliado a la hora de afrontar adecuadamente algunas de las dificultades que la vida, de manera inevitable, nos impone. Se trata de una función de la memoria que puede parecernos una contradicción. Me estoy refiriendo a olvidar. No es bueno el estar atados a los acontecimientos negativos del pasado. De nada sirve pensar en lo que pudo haber sido y no fue; en lo que tuvimos que haber hecho y no hicimos; en aquello que nos hicieron y que tanto nos hirió; preguntándonos continuamente ¿por qué? No es saludable el estar dando vueltas y vueltas a preguntas para las que quizá no existan respuestas.
Es necesario dejar que la memoria nos proteja, y para eso es necesario, a veces, aprender a olvidar. Acordarnos de todo, es tan malo como olvidarnos de todo. Entre el exceso de memoria y el exceso de olvido, existe un terreno intermedio. Si sabemos movernos por esa superficie de equilibrio, ni la memoria ni el olvido harán de nosotros personas frágiles y vulnerables. Todo lo contrario, nos proporcionarán la fortaleza necesaria para vivir el presente, encarando el futuro y sus incertidumbres con una dosis importante de esperanza.
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