No se concibe el color sin el criterio de los mares. Son días de clara observación, y mientras remonto las faldas del Monte Hacho, pienso en el tiempo que ha de surgir, como ciudad que emerge desde el fondo del océano. Lejos quedan los recuerdos que se fueron, pero cerca los tres elementos de la memoria natural, de la sabiduría. El efecto, la filosofía: capaz de convertir la debilidad en fortaleza; un cambio en la mirada que procura sensaciones ventajosas sin coste alguno.
En el límite de los juicios, un haz de luz enseñará que la solución siempre estuvo ahí y que quizá fue regalo. La velocidad, el ingenio: modificar el lenguaje diez mil veces por segundo requiere del conocimiento y la maduración. Sólo en el estudio estarás al par de la luz y podrás aprender de ella. El control, la política: la paz vencerá al enemigo que llevas dentro, que pasará formar parte de las criaturas del abismo (no hagas caso de sus voces ni de su atrevimiento). Hay algo detrás de la espuma del mar; algo detrás de las piedras talladas por el hombre; algo detrás de las aves que nos distraen con su vuelo; algo detrás de las piñas diseminadas por el suelo. Algo que da coherencia al conjunto y que hace que nuestra razón sea permeable a la belleza. La memoria natural nos recuerda que formamos parte indisoluble del todo y que un día fuimos lo mismo: luz pura. Frente a ello, el hechizo de la confusión; el olvido; la escenificación del desencuentro; el engaño; el abismo de seres inconcretos. ¿Qué extraña fuerza nos aboca al desafecto? Debe ser la forma de entender el paso del tiempo. Hay quien vence la resistencia del deseo en bien de la maduración y la evolución, y hay quien se deja llevar por viejos mitos, de fácil delación y disentimiento. Si he de quedarme con alguna forma de saber me quedo con el legado del ingenio, de los hijos de Arquímedes; quizá porque pienso que de ésta sólo nos salva la tecnología. Pero también centro mi atención sobre aquellos que dedicaron su experiencia vital a encontrar las claves con que afrontar esta dura prueba que es la vida. Si nos dejamos seducir por los tres elementos de la memoria sellaremos las heridas del silencio y de la sordidez, y un brazo de luz nos llevará a tierras de ensueño, donde nunca supieron de las guerras ni del dictado de la oscuridad.
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