Estampadas en las hojas de un libro caben tantas historias como su autor desee. Los ceutíes disfrutan desde el sábado de su particular homenaje a la lectura. La personificación de la Feria del Libro la encarna Gabo a quién se le recuerda tras su reciente fallecimiento. La plaza de los Reyes supone un recorrido a través del mestizaje de culturas, donde se han instalado doce casetas, nueve librerías privadas y tres stands de la Ciudad.
Los transeúntes pululan entre bienes culturales, conversan con libreros que contribuyen con el cruce de civilizaciones, disfrutan del recién estrenado mes y puede que hasta adquieran sus lecturas de cabecera durante el verano. La realidad supera a la ficción y a pocos metros del tumulto que clama a la inteligencia se encuentran historias que si enmarcadas en libros estuvieran quizás llegaran a bestseller. El mismo lugar ha servido a un grupo de refugiados sirios, que desde principios de mayo acampan junto a sus familias. Exigen que el Gobierno agilice el trámite de sus expedientes y les traslade a la península. Ahora, la supremacía cultural los arrincona entre la parte trasera de las casetas y el lateral de la iglesia de San Francisco.
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, acudió a la presentación de la feria, donde manifestó “La lectura es un factor para el enriquecimiento de la persona y de la persona en su proyección con los demás”, según publicó este diario. Los discursos en pro de la sabiduría popular son muy recurrentes en actos institucionales. Sin embargo, afirmar tal reflexión, cuando a una ínfima distancia tiene a familias enteras reivindicando ser amparadas, deriva de una falta de respeto hacia los valores humanos. Independientemente de lo que se lea o se deje de leer. Pone de relevancia como los problemas de otros apenas lo son para quién los advierte desde la distancia, aunque esta sea mínima.
La toma de posesión de un lugar público para exaltar la lectura es una iniciativa magnífica. Pero, no se pueden apartar a las personas como si fuesen objetos, cuando vidas bien podrían ser recogidas en un libro. Supone, entonces, una falta de interés y respeto por sus historias, que queda lejos de la ética de quién ama la cultura. Un lector con corazón no podría obviar el drama por el que están pasando las familias sirias, que con sus hijos a cuestas intentan luchar por una vida similar a las suyas. Son civiles como lo seríamos nosotros en caso de guerra, precedentes tenemos, y olvidarlos sería un golpe a nuestra historia, una fractura en la conciencia de lo que somos.
Lo más curioso es la precisa elección de Gabriel García Márquez como símbolo de la literatura. Muchas de sus complejas historias están adscritas al Realismo Mágico. Un género cuyo principal objetivo es plasmar desde la excelencia estilística el interés de lo irreal enmarcado en el día a día, lo común y cotidiano. Vivas consideró que su obra “llega al alma porque aborda la vida del ser humano en cualquier faceta y a través de todos los sentimientos”. Nada más lejos que la escena que recogían sus pupilas en el horizonte. García Márquez impulsó que las personas tenían que tener una actitud frente a la realidad. Lejos de correr un velo transparente sobre todo lo que molesta a la vista. El mejor homenaje al Gabo sería tender la mano a aquellos que esperan una respuesta determinante para el transcurso de sus vidas.
*María García Periodista independiente
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