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La “hipocresía clarísima”

El delegado del Gobierno se refería en su última comparecencia pública a la “hipocresía clarísima” que ha existido en torno a la figura de la porteadora, lamentando no haber oído voces críticas ante imágenes que todos vemos a diario. Claro, le faltó apuntillar más esas manifestaciones para hacer el oportuno ejercicio de reflexión y hasta de responsabilidad del que acostumbra a adolecer la clase política.
Claro que ha existido una “hipocresía clarísima” en torno a la figura de la porteadora. Pero ha sido una “hipocresía” mantenida años y años por unos gobiernos que, en vez de intentar erradicar el problema, han orientado sus inversiones a criminalizar aún más esta figura. Y el delegado debe saber bien y recordar mejor la inversión hecha por un Gobierno del PP en la frontera del Tarajal para construir las famosas jaulas, que no son más que una extensión arquitectónica de esa “hipocresía clarísima” a la que aludía.
Las figuras de esas ancianas cargadas y deformadas, convertidas en auténticas mulas han existido bajo la permisividad de todos pero, peor aún, se han adaptado obras paridas bajo la consigna de esa concepción de mujer mula: se construyeron auténticas jaulas enrejadas para su pase. Eso también es otra “hipocresía clarísima”.
También lo fue el no explotar todos los cauces habidos y por haber, con la implicación incluso de entidades de peso (administraciones, sindicatos, asociaciones, partidos políticos...), para investigar todas las historias negras que se han producido en el Tarajal y que han tenido como protagonistas a estas mujeres. Y hablo desde el fallecimiento de dos de ellas hasta la denuncia presentada por policías sobre lo que estaba allí ocurriendo. Policías que, por cierto, pasaron de denunciar algo que a ellos les resultaba cuando menos vergonzoso a parecer que ellos eran los criminales. Así se les trató.
A la clase política no le gustan los problemas. Huye de cualquier complicación. Es cobarde a la hora de afrontar problemas de enjundia cuya resolución puede suponer incluso el tocar los cimientos de una sociedad. Por eso termina dejándose seducir por esa “hipocresía clarísima”, lo ha hecho desde hace muchos años con el Tarajal, pero sigue haciéndolo con otros tantos asuntos vergonzosos e hipócritas que se mantienen intocables y a los que nadie quiere meter mano.
Lo triste de todo esto es que seguimos igual. La “hipocresía” es absoluta con estas mujeres, pero también con las otras que vienen a trabajar a las casas de Ceuta sin bulto físico sobre sus espaldas pero sí moral. Pero estas no son grabadas por España Directo ni son protagonistas de fotos a cinco columnas en portada. Espero solo que, algún día, alguien se digne a forzar la exigencia de responsabilidades y no se quede solo en titulares.

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