Categorías: Opinión

La gesta de un Soldado Laureado, Benito Lorenzo Benítez

Nació en Fuensalida (Toledo), hijo de Dª Dorotea Benítez Martín-Cano, el día 06 de octubre de 1936 e ingresó como voluntario en concepto de falangista, en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1 a raíz de la liberación del pueblo de Fuensalida. En diciembre de 1936, al licenciarse a los falangistas, solicitó a su Capitán su continuidad en las filas mientras dure el periodo de Guerra (1936-1939), continuando prestando sus servicios en la Compañía de Ametralladoras del Primer Tabor.
Durante 1936 participa con su Unidad en las ocupaciones de Huecar, Fuensalida, Portillo de Toledo, Valmojado, Casa Rubio, Navalcarnero, Alcorcón y Ciudad Universitaria.
En 1937 participa en las ocupaciones de Mahalahonda, Aravaca, Cienpozuelos y Pingarrón donde muere en acción de Guerra el 23 de febrero de 1937.
HECHOS DE ARMAS
Voluntario en el Tabor de Regulares de Tetuán y destinado a la Compañía de Ametralladores, encontrándose el 23 de febrero de 1937, en el vértice Pingarrón, sirviente de una máquina.
Estando ocupada la posición del Pingarrón, el Soldado Benito como sirviente de su máquina, se encontraba agregado a la Segunda Compañía.
A poco de entrar en posición y como consecuencia de una explosión de un proyectil de Artillería, quedo muerto el Cabo de la ametralladora y herido varios de sus sirvientes, entre ellos el propio Soldado Benito, el cual se negó a ser curado y evacuado, procediendo a retirarse todos a otra máquina de su Unidad. A poco tiempo de estar agregado a la otra máquina de su Compañía se dirigió con gran valor y entereza al sitio donde estaba la suya propia, y no obstante estar batida por toda clase de fuegos, la retiró completa, trasladándola a un lugar seguro, donde quedó asentada, marchando nuevamente a recoger el fusil, dotación y dos granadas de mano de un cadáver que por allí había, causando este gesto la admiración de sus Jefes y compañeros.
Salió poco después de la posición, y como fuera preguntando a donde se dirigía, contestó que “A por los rojos que eran unos cobardes”, y dando gritos de “¡Viva España!” se lanzó hacia el enemigo, arrojando granadas de mano, ocasionando la muerte de algunos atacantes y la huida de un grupo próximo.
Encuentra en este gesto glorioso la muerte, y contribuye con su actitud, extraordinariamente heroica, a levantar el ánimo de sus compañeros. Méritos estos que dieron lugar a la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.
Este Soldado figura en letras de oro en los anales de la historia de los Grupos de Regulares, y se encuentra presente en la memoria de todos los soldados del Grupo de Regulares nº 54 y de cualquier otro Acuartelamiento como un ejemplo a seguir, sabiendo que es posible que un soldado con su heroicidad pueda llegar a recibir la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.

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