Categorías: Opinión

La financiación a los partidos

Si algo ha quedado claro de esta crisis es que se ha quebrantado el estado de bienestar y que existen dos modelos económicos para intentar recuperarlo. Uno, nada creíble y cuyos resultados comenzamos a conocer, el modelo socialista, que aboga por no reducir gastos, por controlar la economía y por hacerlo a costa de estrujarnos a todos los bolsillos y realizar los mayores recortes sociales de la historia. El otro modelo, el modelo de la derecha, aboga por el recorte de gastos, el “estado mínimo”, la no intervención económica y la bajada de impuestos, cuyos resultados también empezamos a conocer: la creación de riqueza y empleo.
Cayendo la que está cayendo y cuando cada día nos dan una vuelta de tuerca más a nuestros esquilmados bolsillos, es necesario plantearse el sistema de financiación legal a sindicatos y partidos políticos. Es necesario que la sociedad exija a los Gobiernos un ahorro más firme en estas partidas presupuestarias.
En estos momentos de pre-campaña y campaña electoral, en los que los gastos de los partidos políticos parecen dispararse, y el costo electoral ha experimentado un aumento exponencial, es ineludible recapacitar sobre el sistema legal que permite hacer frente a esos gastos. Sobre todo, cuando el concepto de partido político como cooperador en la formación de la voluntad política de la sociedad, y por tanto meritorio de ayudas del Estado,  pasa por su momento de más baja reputación.
Hay que preguntarse porqué en la Constitución de  Estados Unidos, país que goza de la mayor democracia y las mayores libertades, no se menciona  a los partidos políticos. Y debemos saber que, desde los orígenes de su democracia todos los comicios electorales se han financiado con recursos privados; ni un solo céntimo del Estado.
La financiación pública sólo ha existido en los comicios presidenciales de forma muy  limitada y controlada.
Además, en Reino Unido y Estados Unidos los partidos políticos prácticamente son inexistentes en periodos inter-electorales, lo que hace disminuir considerablemente el gasto de mantenimiento y el posible falseamiento democrático, al no producirse infiltraciones de los partidos políticos en los diferentes estamentos de la sociedad.
Allí ocurre precisamente lo contrario, son los diferentes estamentos sociales los que conforman “lobbies” que ejercen fuerzas de presión en los partidos, creando con este sistema una verdadera y realista sociedad democrática.
El modelo de penetración del partido en los diferentes estamentos de la sociedad es el modelo creado por el nazismo.
Parece casi una obscenidad que existiendo más de 4 millones de parados, un 20% de la población en plena pobreza, y un millón de familias sin ningún tipo de recursos, el Gobierno haya obligado al  Estado a destinar a partidos políticos, el año pasado, más de 85 millones de euros. Y que además este destino del dinero se haya repartido garantizando la hegemonía de los mayoritarios, caso aparte lo que se han llevado los pseudo-partidos políticos de ETA.

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