La bautizaron como ‘Operación Kibera’. Un golpe del Cuerpo Nacional de Policía en el que fue determinante la colaboración con Marruecos para terminar con la organización que, presuntamente, estaba detrás de la captación de mujeres para sumarlas al Estado Islámico.
Las fuerzas de seguridad eran conscientes de la fuerza que este grupo estaba ejerciendo sobre el sector femenino, en muchos casos sobre menores, con tal de radicalizarlas porque para la organización terrorista ellas constituían un “objetivo importante” para destinarlas a los muyahidines. Y entre ellas, encontraron con que “las procedentes de Europa” ofrecían una “mayor disponibilidad a viajar” tras un proceso de “fanatización perfectamente planificado”.
Este lunes la Audiencia Nacional juzga a los 4 terroristas -3 mujeres y un hombre- detenidos en 2014 por captar a chicas jóvenes para enviarlas a Siria como esclavas sexuales de combatientes del Estado Islámico (EI), hechos por los que se enfrentan a penas de 7 y 8 años de cárcel, tal y como adelantó El Faro.
Entre ellos se encuentra la joven Chaima, de 21 años y vecina de Arcos Quebrados. Hace cuatro años salió esposada y completamente tapada de su vivienda situada justo detrás de la mezquita. Además de la ceutí, fue detenida una melillense en el paso de Beni Enzar junto a una menor que también era de Ceuta y que ya cumplió dos años de internamiento estando bajo control y seguimiento del Área de Menores para su recuperación. Ambas fueron interceptadas por el CNP cuando pretendían salir a Marruecos para reunirse con un grupo que captaba mujeres, después viajarían a Irak para sumarse a la organización Estado Islámico.
Las redes sociales fueron el germen para la captación que de forma sangrante se estaba realizando de mujeres. Facebook y WhastApp eran el albergue ideal para intercambio de material audiovisual de todo tipo, siempre de corte terrorista.
En el informe presentado por la Fiscalía, a cuyo contenido tuvo acceso El Faro, se recoge cómo “un número considerable de jóvenes musulmanas, algunas menores, no solo hacían ostentación de su adscripción a las acciones desarrolladas y publicitarias en la propaganda del EI, sino que participaban en público su disposición de desplazarse a las zonas de Siria e Irak”. A través de las redes se captaban a mujeres “sensibles” a esos mensajes y las había que, tras un “proceso de radicalización” evidenciaban “un compromiso superior que podría concretarse en futuros desplazamientos”.
"El hombre está un grado por encima de la mujer, y así lo ha querido Allah", proclamaba el considerado cabecilla de este grupo, Yawad Mohamed -para el que la Fiscalía pide la pena más alta de 8 años de cárcel- en una conversación con una de las acusadas, Fauzia Allal Mohamed, que se enfrenta a 7 años de prisión, al igual que las otras dos mujeres que también se sentarán en el banquillo.
Fauzia fue interceptada por la Policía en agosto de 2014 en el puesto fronterizo de Beni Enzar (Melilla) junto a una menor (testigo protegido en esta causa).
Trataban de cruzar la frontera a Marruecos para encontrarse con miembros de una red de captación y envío de combatientes instalada en ese país, donde dos de sus integrantes fueron detenidos y condenados por integración en Dáesh .
"El fin ulterior de ambas sería desplazarse hasta Irak, e integrarse en las filas de la organización terrorista EI", indica la Fiscalía en su escrito de acusación, en el que explica que la red había concertado matrimonio para la testigo protegida con un combatiente del Dáesh.
Las dos fueron de las primera mujeres arrestadas en España por su disposición a unirse al Estado Islámico, descubriéndose la existencia de este tipo de redes de captación que llevaron a chicas jóvenes, incluso menores, a embarcarse en el viaje a Siria.
Ese fue el caso de Dunia, víctima de esta red, que fue detenida con 17 años y, tras permanecer cerca de un año en un centro de menores, llegó a un acuerdo con Fiscalía y fue condenada a dos años de libertad vigilada tras mostrar su arrepentimiento y asegurar que se sentía en deuda con la sociedad.
Las mujeres seleccionadas por la red "eran jóvenes, algunas menores de edad, estudiantes con resultados académicos mediocres o desempleadas, con un nivel de conocimiento y uso de redes sociales avanzado y con una visión romántica de la hipotética vida que llevarían bajo la tutela del EI, tanto como verdaderas guerreras terroristas, como junto a un esposo 'muyahidín' perfecto".
El grupo se distribuía entre Ceuta, Melilla y Barcelona, teniendo como rasgo común su proceso de radicalización a través de las redes sociales, y su actividad de captación con la finalidad de desplazarse a Siria.
Yawad, el líder del grupo, se relacionaba con casi todos los integrantes de la red, no solo con Fauzia, sino también con otras dos acusadas, Wuafila Mohan y Francis Carolina Peña Orellana, de origen chileno, así como con Dunia.
Era el responsable de los grupos de WhatsApp dirigidos a mujeres y decidía qué textos se compartían, mientras que Wuafila terminó siendo una de las dinamizadoras de la red a través de Facebook y WhatsApp, y por su conocimiento de las zonas de conflicto ofrecía la posibilidad de casarse con combatientes con los que estarían "seguras", explicaba las rutas para el paso por las fronteras turco-sirias, y distribuía propaganda del Estado Islámico.
Otra de las acusadas, Chimaa Bokhress, que tras un proceso de adoctrinamiento inició los preparativos para viajar a territorio del EI -llegó hasta Turquía pero finalmente no consiguió cruzar la frontera-, distribuía también propaganda terrorista para reclutar a otras mujeres, explica la Fiscalía.
Se relacionaba además en Facebook con una española, Silvia Celestín, que fue detenida en Lanzarote en otro procedimiento abierto por captación de mujeres para el EI.
Por su parte, Francis Carolina Peña era administradora del grupo de WhatsApp "Abrázate al Islam", se encargaba de difundir propaganda terrorista y de captar mujeres "en contacto con los vínculos del Estado Islámico que se encontraban en Siria".
También tuvo relación con Dunia y contrajo virtualmente matrimonio con el miembro el terrorista Melidi Fadli, de nacionalidad francesa y que se encontraba en Siria, "paso previo para emprender el viaje a zona sirio-iraquí", lo que le otorgaba "legitimidad en la célula ante las chicas objeto de reclutamiento".
Tras retrasar su viaje a Siria por las dificultades para poder despedirse antes de su hijo, finalmente no pudo realizarlo al ser detenida el 15 de diciembre en la operación Kibera.
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