Opinión

Justicia y posibilidad

La labor de fundamentación es anterior en cualquier disciplina o ciencia.

Así, recuerdo los conocimientos de sociología en el curso tercero de Ciencias de la Información. Allí, aprendí grandes nombres y dinámicas, pero es ahora, cuando soy consciente del sistema en que vivo, el momento de hacer un contraste entre las teorías heredadas y la subjetividad de mi observación.

Al principio había patricios y esclavos, y poco después hubo siervos y señores. En este entonces, la razón de nacimiento predeterminaba fuertemente tu itinerario vital.

A continuación, llegaron la máquina de vapor y la Revolución Industrial, y con ellos el surgimiento de una realidad social diferenciada. De un lado, la gente proletaria buscaba sacar adelante a sus familias con la fuerza de sus manos. Del otro, los propietarios, centrados en la idea de un nuevo concierto mundial, basado en los flujos de las mercancías.

Alrededor de los cascos urbanos se levantaron los barrios de obreros, quienes gracias a la lucha, y a la demanda de justicia, fueron prosperando y ganando derechos.

El derecho a la educación hizo que las clases sociales se volvieran permeables.

El minuto cero de ese sueño que es el Estado de Bienestar tiene lugar con la aparición de las clases medias. Una buena ración de oportunidades, y un buen modelo productivo, nos hizo despertar la esperanza en la justicia social.

España empieza a conocer la modernidad con la universalidad de los servicios públicos, y de la asistencia sanitaria y social. Los universitarios encuentran un proyecto de vida relativo a su formación, y la solidez de las historias laborales hace que se pueda planificar el sistema público de pensiones.

En un ambiente de prosperidad generalizada, los colectivos de la discapacidad somos asistidos para lograr la igualdad y la inclusión. A cambio, hacemos valer nuestro conocimiento y prestamos un servicio insustituible.

Y en estas estábamos en España cuando la crisis del COVID-19 nos descubre nuestras debilidades. En vez de estar celebrando la madurez de las clases medias y del Estado del Bienestar, luchamos ahora por su supervivencia. El pronóstico es cercano a la gravedad; la globalización y Europa a examen.

Ahora, solo una revolución en el concepto de cooperación social, donde se difuminen los intereses de clase en favor de una nueva humanidad, podrá vencer las complejidades entre justicia y posibilidad. La condición humana traerá un nuevo orgullo de clase, y una tabla de valores que trascienda lo efímero y nos proyecte hacia el futuro. La cooperación es el punto de apoyo.

¿Existe el límite entre justicia y posibilidad? La respuesta es tan difícil como necesaria.

Es hora de plasmar nuestra voluntad de cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible, y allí estaremos el colectivo de la salud mental para velar por su verdad.

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