Si te gustó la Guatemala del oeste, prepárate para conocer las maravillas del este, llena de fusión de culturas y actividades al aire libre para los aventureros.
El siguiente destino, tras ver las capitales guatemaltecas, debería ser Cobá. En esta pequeña ciudad se encuentra la única reserva donde podrás ver al Quetzal, el pájaro sagrado para la cultura maya. Para los amantes de la cafeína, no hay mejor lugar para ver los enormes cafetales, ya sea caminando o a lomos de un caballo, y es que merece la pena ver como ese pequeño fruto rojo crece, dándole ese color tónico a las hojas verdes del arbusto, y aún mejor, poder cogerlo tu mismo y probarlo al completo, tanto la parte carnosa como la semilla que luego se tuesta y muele. La única lástima es que este producto se vende al mismo precio, y a veces hasta más caro, que en Europa, lo cual supone un artículo preciado, es por esta razón que si bebes un café en bares y cafeterías, te lo van a servir bastante más aguado de lo que estarás acostumbrado a tomar.
Esta parte del viaje solo se la recomiendo a los más aventureros, y es que, aunque las vistas del lugar son increíbles, hay que tener valor para cruzar las adversidades. Se trata del Parque Semuc Champey, al lado de Lanquin (el cual si recomiendo a los menos osados). En el parque la excursión prácticamente obligada es la entrada a la cueva, pero hay que tener el valor de saltar los hasta 15metros de altura de roca al agua, y por supuesto no ser demasiado friolero, pues eso del neopreno todavía no ha llegado a las excursiones de interior.
Otros dos lugares preciosos y llenos de contraste son Río Dulce y Livingston. Estos lugares se encuentran cerca de la frontera con Honduras, y al igual que este país, sus calles están mezcladas con descendientes de africanos, debido a la esclavitud de la colonización, los llamados Garífunas.
Localizado en el polémico estado del Peten (por las disputas con Belice, por su separación de Guatemala hace ya bastantes años), se encuentran dos de las ruinas mayas más impresionantes que se hayan dado a conocer, El Mirador y Tikal. Para llegar a ellas es aconsejable pernoctar en Flores, una isla en medio del lago Peten Itzal (itzal significa agua en maya guatemalteco). La casi isla es un lugar tranquilo, bohemio, con calzada de adoquines, embarcaderos por todas partes, bares y restaurantes económicos a orillas del lago con increíbles vistas. Hay una cafetería/restaurante llamado “Frida”, con precios bastante razonables y con una terraza en la segunda planta, donde entrar con calzado está prohibido. Podrás disfrutar de las vistas y relajarte en una de las alfombras, o aprovechar para conocer a otros viajeros como tú y compartir experiencias y consejos de nuevos lugares. Sube las cuestas y llega a la iglesia que está en la cumbre, en esta plaza podrás ver a los chiquitines jugando al deporte estatal, el baloncesto, además de poder almorzar por la mitad de precio que en los restaurantes que hay abajo. Si cruzas el puente, irás a Santa Elena, una ciudad auténtica de Guatemala, pequeña y un poco deslucida, pero donde podrás ver el verdadero día a día de miles de familias guatemaltecas, además de probar el mejor pollo rostizado (asado) que se prepara en las parrillas en mitad de la calle, por menos de 2?.
De Flores salen los tours a Tikal, uno de los emplazamientos mayas más importantes y reconocidos. El precio de la excursión dependerá de si quieres ir a ver el amanecer o no. Si vas en autobús te costará 60Quetzáles, o lo que es lo mismo, 6?. En una combi especial contratada por agencia, 80Q, pero te recogen en el hotel que estés, sea cual sea (ya esté en Flores o en Santa Elena). Si quieres ver el amanecer, pagarás el doble, pero será inolvidable. Si prefieres pasar la noche en Tikal, te puedes quedar en el hotel y camping “Jaguar Inn”, aunque sus precios no tienen nada que ver con el nivel de vida del país. Si decides volver a Flores, el hostal más famoso entre europeos es Los Amigos, que ronda los 12? por noche.
El nombre de las otras ruínas, El Mirador, se debe a que su pirámide es la más alta de toda la tribu Maya, con el nombre de “La Danta” se eleva a 72 metros de altura, dándonos una visión panorámica a modo de mirador. Lo mejor de todo es cómo llegar allí. Se trata de una travesía de 5 días a pie por la selva (ida y vuelta), acompañado de chapines que te llevarán el equipaje y los artículos necesarios para acampar y comer durante esos días. Para hacer este intenso viaje, deberás ir al pueblo de Carmelita, donde podrás encontrar a tus guías por mucho menos dinero que saliendo desde Flores con algún tour.
Prepárate bien para la larga caminata que será de sol a sol, y no solo físicamente, sobretodo psicológicamente. Aunque cuando todo haya terminado y acabes con los pies deformados por las ampollas, las piernas llenas de picaduras de mosquitos y agotadas muscularmente, después de quedarte sin respiración por haber gozado de una puesta de sol a 72 metros del nivel del mar, con la frondosa selva petenera como fondo, pensarás que todo mereció la pena y que lo volverías a repetir.
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