‘La inocencia de los sublimes’ es el segundo libro de la escritora Tula Fernández (ya cuenta con un tercero: ‘Cinco cartas portuguesas’).
Es una novela que me he leído del tirón, de esas que te mantienen intrigado desde la primera hasta la última página. Si tuviera que puntuarla, sin duda le daría las cinco estrellas, la máxima.
Tula Fernández construye una historia tan delicada como conmovedora, donde el pasado, la culpa y la esperanza se entrelazan con la mirada limpia de quienes aún conservan la capacidad de soñar.
La novela comienza con un hallazgo inquietante en una estación de tren y, a partir de ahí, despliega un mosaico de vidas conectadas por secretos familiares y heridas antiguas. El viaje de Bruno Arqués, desde Madrid hasta el remoto pueblo argentino de Apóstoles, es también un viaje interior hacia la memoria y la identidad.
La autora da voz a un grupo de ancianos que, lejos de ser simples testigos del tiempo, encarnan la dignidad de la vejez y la fuerza silenciosa de la solidaridad. Con una prosa cuidada, sensible y poética, Tula logra emocionar sin artificios, invitando al lector a detenerse en los pequeños gestos que sostienen la vida.
‘La inocencia de los sublimes’ no es solo una novela sobre el pasado, sino una reflexión luminosa sobre la ternura, la redención y el poder de recordar.
Ya estoy deseando empezar el tercer libro de Tula, Cinco cartas portuguesas. Ya os contaré, porque promete mucho.
Recomiendo a todos los lectores que se sumerjan en "La inocencia de los sublimes": estoy seguro de que no os dejará indiferentes y os encantará.
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