¡Fiesta!

El irreverente Baz Luhrmann, que ya se atreviera a poner patas arriba la lógica académica con la estupenda Moulin Rouge e incluso a imprimir su toque personal e inconfundible nada menos que al Romeo + Julieta salido de la pluma de Shakespeare se topa ahora con la revisión del clásico de F. Scott Fitzgerald, al que le aporta sin rubor su arriesgado sello, visualmente preciosista, versiones de canciones actuales para la banda sonora, escandalosamente excesivo envoltorio, pirotécnico y encaminado a emocionar nuestros sentidos para así acabar emocionándonos el alma. En lo primero vuelve a mostrar su maestría; en lo segundo, aunque llegue como la película del verano y plato fuerte del año con los Oscar 2014 en mente, fracasa con estrépito.
La cinta nos presenta a Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio), un misterioso advenedizo muchimillonario instalado en la convulsa Nueva York de los años 20, que sin embargo es respetado por la fastuosidad de sus impagables fiestas, y que en realidad ha vuelto a esta ciudad con la fijación de revivir el pasado y recuperar un antiguo amor (Carey Mulligan) que en la actualidad se encuentra inconvenientemente casada con alguien influyente (Joel Edgerton). Lo que no nos cuentan en las sinopsis es que Gatsby, además del síndrome de Peter Pan tiene una insana e inconcebible obsesión por una tipa irritante y aburrida hasta el hartazgo que no da argumento alguno para la empatía con el papel que realiza DiCaprio con solvencia; el actor despliega un saber estar que se acerca al del carismático Robert Redford en su predecesora de los setenta, pero que no puede hacer mucho más con el material que le han dado. Por otro lado está la tercera pata del banco, el primo de la chica y narrador de la historia, un sosísimo Tobey Maguire que hace derroche de languidez mortecina y extenuante cuando relata en off al sufrido espectador el transcurso de los “acontecimientos”, acabando tanto Maguire como el espectador con deseos suicidas.
Hay que mencionar ante todo que los vistazos hedonistafiesteros como si no hubiera mañana en la casa del protagonista lo son todo en la producción, y la “épica romántica”, palabras del propio director, se queda en esperpento soporífero con intentos dramáticos que carecen de sangre en las venas y fogonazos de comedia que no llegan a la chispa y que no tienen carga emocional que aligerar.
Cómo podría negar, tras semejante loa con la que me he permitido adornar el título, que la cinta no me ha gustado…. Siendo capaz de reconocer el espectáculo sensorial y técnico, debo recalcar que el esperpento narrativo y la ausencia de tres dimensiones, ironías del cine, en todo aquello que no se ve, evidencian mi decepción ante las expectativas previas. Al fiestero señor Gatsby seguramente esta es la película que le gustaría ver, pero no es él el que va al cine, y la duda entre el despendole y tomarse en serio se queda en eso, en duda, y el lujo estético no conecta con este proyecto igual de bien que en trabajos anteriores de este realizador.

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