Categorías: Opinión

Hombres de poca fe

Esta semana, que estamos a punto de cerrar, hemos podido apreciar como  las calles de Ceuta se dejaban contagiar de un cierto aire de fiesta. Lo indiscutible es que cuando ves a los Ximénez subidos a sus grúas colocando bombillitas por todos los rincones, sólo puede significar una cosa. Y aunque el “aire de fiesta” recuerde a algunos lectores  la letra de una popular canción, si habemus Ximénez, habemus fiesta. Con más de treinta días de calendario por delante, el ande, ande, ande, la marimorena,  arranca motores desde distintos ámbitos de la cotidianidad ceutí. Imagino para impulsar   un poco de vidilla  a ese Paseo del Revellín, a veces Tortura del Revellín.  Insuflar a los transeúntes y a los comerciantes un poco de consumismo hace tanta o más falta, que adquirir una de esas entradas para disfrutar del juego blaugrana versus caballa.
El Waka-Waka ha sido la banda sonora de nuestras mañanas y nuestras tardes. Conforme te adentrabas a la Gran Vía descubrías que no era un stand informativo, que nadie te iba a colocar una banderita en la solapa ni a pedirte la voluntad a cambio. Tampoco que aquellos destellos   procedían de un Ferrero Rocher gigante. Además, la cola de personas no tenía nada que ver con el paro. La popular canción interpretada por la chica de las caderas y el chico de los rizos sintonizaba con la ilusión de miles de ceutíes deseosos de llegar a casa y colgar en el Tuenti o en Facebook, la foto con la copa del mundo en sus manos. La de Europa, que también cruzó el charco, sólo algunos afortunados pudieron agarrarla. Cosas del directo.  Así, las colas llegaron a durar más de una hora, un éxito sin precedentes teniendo en cuenta que el ceutí no hace cola para prácticamente nada. Como siempre, el mundo del balón pie es sorprendente y también en nuestra ciudad parece tener la exclusiva de la movilización. Preguntemos; cuándo la denuncia de un ciudadano ha llegado tan lejos, cuándo dejamos de estar en crisis para hacernos con una entrada, cómo vamos a hacer frente el mes que viene, a las lucecitas de los Ximénez, si nos lo hemos gastado todo en futbol, fotos y fútbol.  Ni siquiera el Waka-Waka ha resultado un estribillo facilón para situar el mundial en tierras sudafricanas. Y es que el futbol es
Por si no teníamos bastante con la sintonía, hemos comprobado incrédulos que la demanda de empleo de nuevo se echaba a la calle portando pancartas y ruido. A decibelios por encima de lo permitido, según parece. Una vez más las calles se contagiaban de fiesta y a esta, después de los episodios vividos con los subsaharianos,  quien es el guapo o la guapa que pone remedio, sanción o comprensión.
Mientras las demandas de sueldo se intentan hacer notar justo en ese momento que el Paseo se convierte en Tortura, los escaparatistas se lanzan desesperados a colgar calabazas americanas y disfraces de monstruos. Americanas porque Halloween además de ser una franquicia cinematográfica de dudosa calidad, es una fiesta Obama cien por cien. Sin embargo le estamos cogiendo el gusto a eso de echarnos una sabana por la cabeza y ser fantasmas por una noche. Total, con todos los que hay por el día durante todo el año, porque uno lo sea unas horas tan poco pasa nada. Comprar una calabacita es toda una tentación, dejarla colgadita donde pondremos el árbol en unos días, una revelación. Y si encima  algún vecino llama a la puerta gritando truco o trato, la inversión es todo un éxito. “Hay que ver lo modernos que son los del séptimo, pues no se han vestido de zombis para darles caramelos a los niños”.
Ni truco ni trato habrá para el cartel navideño, al menos por el momento. Como en esas épicas sagas familiares, ahora tan necesitadas para nutrir la ficción televisiva, se hará por encargo. Será como tener un retratista oficial o un artista oficial, que lo tendremos, siempre dispuesto a plasmar los días festivos de calendario. Con esto no pretendo ser irónico, porque con las cosas de calendario no se juega.
Volviendo al cartel, cómo decía antes, ya suena la marimorena y todavía no hemos ido a comprar el surtido de polvorones. No se cree en el talento artístico de la ciudadanía o no se quiere correr el riesgo, por decirlo de manera elegante, de publicar un concurso desierto e ir a toda pastilla a encargar algo bueno, bonito y barato…  De todos modos, aunque se tenga una estampa navideña en la recámara, apuesto por el concurso. Incluso apuesto por esta idea; la mejor fotografía colgada en  Facebook homenajeando el trofeo español y con ayuda del foto shop, un gorrito de Papa Noel sobre la cabeza del protagonista. Halloween, Santa Claus, fantasmas, barrigas llenas…  que americanos nos estamos volviendo.
Y sí, lo he conseguido, he acabado el artículo sin hablar de González de la Vega. Hombres de poca fe.

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