Monim A.M. se sumó el 17 de mayo del año pasado a la muchedumbre de alrededor de 12.000 marroquíes que, durante 72 horas, accedió irregularmente a la ciudad autónoma, entre ellos al menos 1.500 menores solos (la Policía filió a 1.097) como él. Apenas hacía un mes y medio que había cumplido los 17 y se lanzó a Ceuta buscando “un porvenir” mejor que el que intuía en su país.
Lo que encontró en la ciudad fueron cinco noches en las naves del Tarajal y casi tres meses en el polideportivo Santa Amelia, del que fue sacado “por la fuerza” de vuelta al Reino alauita la mañana del 13 de agosto.
Fue “de los primeros” menores que el Ministerio del Interior y la Delegación, de acuerdo con los listados elaborados por la Ciudad, que supuestamente ordenaron las expulsiones de mayor a menor edad, pusieron a disposición de las fuerzas de seguridad marroquíes. “Nos tomaron los datos y las huellas y nos llevaron a Martil, donde me recogió mi familia”, explicó ayer el joven desde Rincón, donde reside “provisionalmente” junto a sus tres hermanas.
Aunque las organizaciones no gubernamentales que activaron la batalla judicial contra las repatriaciones al margen de la legislación española, Fundación Raíces y Coordinadora de Barrios para el Seguimiento de Menores y Jóvenes, se han cuidado muy mucho de informar sin levantar falsas expectativas entre los beneficiarios de las sentencias no firmes dictadas en primera instancia, el chico no deja preguntar si realmente “hay esperanza” de que pueda volver a la ciudad sin tener que arriesgar la vida.
En su caso la inquietud se exacerba porque con su décimooctavo cumpleaños a la vuelta de la esquina, el 4 de abril, teme que dejar de ser oficialmente menor de edad complique su posible regreso a España.
“No tenemos ni idea de lo que va a pasar con nosotros y creo que tengo que intentar retornar cuanto antes, antes de cumplir los 18”, dice el chico, que no tiene trabajo y se ha matriculado en la Escuela de Turismo de Rincón.
Desde su punto de vista, no es “lógico” que los veredictos conocidos hasta ahora no amparen a todos los niños devueltos en agosto por el mismo procedimiento declarado irregular y lesivo para sus derechos fundamentales. “Es irracional y yo no quería que me expulsaran de Ceuta, menos de forma agresiva, pero espero que ello no me martirice y que realmente se demuestre que existen derechos y justicia”, reclama.
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