“Hipócritas”. Ángel Caro (Arcila, 1956) no tiene otra forma de calificar a muchos de los talibanes que se encontró en Afganistán. “Había algunos que llevaban a sus mujeres en secreto a la peluquería”, rememoró ayer el teniente coronel farmacéutico en una conferencia en el salón de actos Murallas Reales de Ceuta.
Ante él, una veintena de alumnos, la mayoría mujeres, seguía la charla con atención. Hasta con asombro. “Veías a los maridos sentados en los asientos del coche. A sus mujeres, en el maletero”, relató el jefe de la Farmacia del Hospital Militar de la ciudad autónoma, que formó parte en 2002 de la misión española destinada “al quinto país más pobre del mundo”. “En cuanto tenían el mínimo atributo femenino”, rememoró: “les ponen el burka a las niñas. No suelen tener más de 12 ó 13 años”. Y tampoco podían los militares españoles acercarse a una mujer afgana y establecer conversación: “Imposible, ni se nos ocurría. Desde el punto de vista sanitario, si teníamos que atender a alguna, entraban (a la consulta) y sólo ahí se levantaban el burka y podíamos hablar con ellas. Por supuesto, nada de fotografías”.
“También nos sorprendían los niños que al vernos se acercaban corriendo y sólo pedían agua: ‘water, please, water”. Caro prosiguió con el carrusel de recuerdos a lo largo de su intervención. Por supuesto, no olvida el día que llegó por primera vez a Afganistán. “El 16 de mayo de 2002”, cantó de memoria. A los cinco meses, terminó su labor allí y regresó, pero su cabeza le lleva de vuelta cada cierto tiempo: “La sensación que me traje a España es que hay tanto por hacer y tan poco hecho”.
“Es un país demasiado acostumbrado a la guerra”, argumentó. “Tanto, que los niños pintan tanques en las pizarras de las escuelas”, dijo mientras mostraba una foto de un colegio afgano a la audiencia del acto, organizado por la Dirección del Aula de Formación Permanente para mayores de 50 años de la Universidad de Granada. Así, agregó, se puede empezar a entender por qué la esperanza de vida no supera los 45 años y sólo un tres por ciento de la población llega a los 65 años. “Veías una mujer que parecía anciana”, relató. “Luego te enterabas de que no tenía más que treinta o cuarenta años”.
A pesar de todo, el teniente coronel consideró que Afganistán tiene “un gran futuro” por delante. “Posee las tres cuartas partes de la producción de opio”, informó. “También inmensas reservas de gas natural, de petróleo, de carbón, de cobre, plomo, oro... Se estima que su reserva de litio, fundamental para los ordenadores y baterías, es de tres trillones de dólares. Y te encontrabas esmeraldas tiradas por ahí ”.
A juicio del militar, lo que necesita es “estabilidad, dejar que trabajen y ayuda”. “Tienen que ir poquito a poquito”, recomendó. “Ahora mismo los veo muy estancados. Lo que tengo claro es que no podemos dejarles solos”. ¿Debe entonces la OTAN aparcar la idea de abandonar el país? “No es una guerra ilegal como la de Iraq”, argumentó. “No podemos pedirle una democracia de repente, pero tampoco abandonarlos”.
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