Detrás del drástico incendio que calcinó tres hectáreas del monte Hacho, se vivió un arduo trabajo de numerosos efectivos, lo que se ha convertido en un claro ejemplo de “espíritu de compañerismo y gente volcada al cien por cien”, según explica uno de los agentes de la Policía Local, Felipe Escriña, quien pese a no ser su primer incendio, matiza que “sí ha sido un fuego muy intenso”.
Como un día cualquiera, Escriña y su compañero patrullaban por una de las calles ceutíes, cuando escucharon por la emisora el aviso de un fuego en el Hacho. De inmediato se dirigieron hacia allí para ayudar en lo posible. “Mi compañero conoce la zona y sabe moverse por el monte a la perfección por lo que empezó a indicar los puntos por los que acceder”.
Tras evacuar la vivienda de Finca Serrán, se acercaron a las casas cercanas que, pese a estar derruidas, “queríamos comprobar que dentro no hubiera ningún indigente o un animal”. Posteriormente daba comienzo el trabajo más duro. “Fue una experiencia muy difícil con momentos de mucha tensión. Los bomberos mantenían la calma y los policías hacíamos los que nos pedían, enlazando las mangueras o sustituyendo a alguno de los bomberos. Tengo que decir que su labor es loable, porque la presión del agua es increíble y cuesta que no te tire hacia atrás”.
El oficial compañero de Escriña se encaramó a la fortaleza, al igual que otros militares, para indicar los frentes del fuego. “Nos decían por dónde venían las llamas porque el viento tan fuerte nos podía dejar atrapados”.
Todo un trabajo que Escriña resume en una sola frase. “Hay que destacar el espíritu de camaradería, la buena comunicación y la voluntad de todos”.
Incluso hubo policías locales fuera de servicio que llamaron a la Jefatura para ofrecerse a colaborar en las tareas, un bombero que se trasladó desde Marruecos donde estaba pasando su día libre, tras ver la columna de fuego, o dos policías nacionales de paisano que pidieron permiso para intervenir. Todos ellos, ejemplos de su gran devoción y servicio en situaciones tan graves como la vivida.
Después de tres horas en el incendio, Escriña notó ciertas molestias, como mareos y presión en el pecho, por lo que decidió ir a un ambulatorio donde fue tratado de intoxicación por humo. Afortunadamente, tanto él como otro compañero que al día siguiente también tuvo que ser atendido de los mismos síntomas, se han recuperado totalmente.
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