Estamos de precampaña. Quien más quien menos busca la forma de ir allanando el camino para recabar votos a base de fichajes de cierto impacto y venta de imagen de héroe de pueblo. La guerra se gana, en parte, en las barriadas. Así que para allá que van populares y socialistas buscando la parte del pastel que, se supone, se van a merendar si consiguen que al vecino Andrés le coloquen los contenedores más cerca de su puerta o que a la vecina Juana le limpien algo más el parque donde juegan sus nietos. Si los socialistas se plantan en una barriada para sacarse fotos y denunciar lo que ven mal -que es lo mismo de año tras año-, los populares se montan su propio equipo y se lanzan a otro barrio para dejarse fotografiar mientras escenifican su cara de preocupación que durará el tiempo del click de la foto. Nada más ni nada menos. Ellos son así.
Y mientras, nosotros, ciudadanos entregados a la resolución de nuestros propios problemas, sin saber si lo de la gasolina será una milonga encubierta o llegarán las mercancías que reclaman desde hace tiempo comercios y entidades, iremos a votar atravesando los mismos caminos de siempre, de las mismas barriadas con etiqueta según la zona donde se ubiquen, tras ser testigos de los viajes, promesas y anuncios hechos antes, durante y después de las elecciones. Ellos nos engatusan y nosotros nos dejamos engatusar porque, decimos gozosos, es la victoria de la democracia. Así sin más.
Nada cambia. Si se dan cuenta seguimos año tras año hablando de lo mismo sin sentir siquiera una mínima vergüenza por estar reclamando unas infraestructuras mínimas para una ciudad que se dice desarrollada e igual a las del resto de España. Sabemos que no es así, porque en cualquier barrio de cualquier otra ciudad del país no se partirían la camisa los políticos de turno por ponernos cuatro farolas y unos bidones de basura a la puerta de casa, sencillamente porque esos barrios ya los tienen. Ni te venderían con la boca llena que te van a poner una marquesina mientras te piden el voto, porque nadie caería tan bajo en andar reclamando lo que es una obligación municipal ofrecer a los que colaboran, con sus impuestos, en gozar de lo mínimo. Los héroes de pueblo se arrojan a la lucha del voto con sus campañas de imagen alocadas de barrio en barrio.
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