Categorías: Sucesos y Seguridad

Guardias civiles denuncian que no pueden ser la “única solución” a la inmigración

Los guardias civiles han estallado. Tras meses de extrema presión migratoria en Melilla (ayer 1.000 inmigrantes intentaron dar el salto) y algún que otro acercamiento aislado pero importante en Ceuta (de momento en los últimos días no se ha detectado presión alguna), confiesan estar “al límite” de su capacidad de aguante.

Al menos así lo denunció ayer la Asociación Pro Guardia Civil (Aprogc) que ha exigido un apoyo “firme y decidido” hacia los agentes, ya que ellos no pueden ser “la única solución” al problema de la inmigración.
“Parece que las vallas de Ceuta y Melilla son sólo nuestras, y no es así”, afirma Aprogc en un comunicado, en el que denuncia que los agentes se están quedando “solos” y están siendo “hostigados por todos los frentes”, algo que está provocando que la moral de los guardias civiles destinados en las dos ciudades comience a “flaquear”.
Critican que los guardias civiles se hayan convertido en un objetivo “interesado”, tras la muerte el pasado 6 de febrero de 15 inmigrantes cuando pretendían cruzar la frontera del Tarajal, suceso a partir del cual, dicen, se empezó a usar la inmigración como una herramienta “de desgaste político”, en vez de ser una cuestión de Estado.
Desde Aprogc, se quejan de que los guardias civiles de Ceuta y Melilla estén siendo sometidos a una gran presión mediática, así como a la “amenaza constante” de ser denunciados por cumplir con su obligación.
Y ello, aseguran, a pesar de que tienen que hacer frente a agresiones por parte de inmigrantes, tanto en la valla como en el mar, quienes, según la asociación, tiran piedras, amenazan con echarles líquido inflamable, les escupen sangre o les golpean con todo tipo de objetos. Situación esta que aún no se ha producido en Ceuta pero sí es algo constante ya en la ciudad hermana.
“No aguantamos más”, señala la asociación de guardias civiles, quienes reclaman soluciones o, en caso contrario, “que se quiten las vallas”, algo que, consideran, para muchos sería la verdadera solución al problema.
Ello implicaría que, tal y como defienden algunos sectores, los inmigrantes tendrían una vida mejor, las mafias que trafican con ellos desaparecerían, las ONG de la zona podrían dedicarse a su labor original, la Policía marroquí se podría dedicar a combatir el narcotráfico y el yihadismo radical y los jueces podrían perseguir “delincuentes de verdad y no guardias civiles abnegados”.
También, apunta Aprogc, se podrían crear nuevos puestos de trabajo poniendo en funcionamiento nuevos Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y los políticos se podrían preocupar de “su maltrecha imagen”, en vez de lanzar “eslóganes demagógicos”.
“En resumen, todo ventajas”, ironizan desde la asociación, que resaltan que, de las consecuencias posteriores, deberían hablar “los que critican y nunca aportan soluciones”.

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