Baltasar Garzón siempre ha estado en política y en partido. Y siempre con dos barajas. Hace mucho, mucho, mucho, en tiempos del minero Gerardo Iglesias y del maestro Julio Anguita anduvo filtreando con IU y jugando a presentarse en sus listas. Al final les dio calabazas a los pobres de la izquierda (fue un primo suyo que se presentó a la postre por Granada y no salió por un puñadito de votos) y el sí nupcial a los ricos del PSOE, con Bono de casamentero y como arras un ministerio de Felipe González. Fue de número dos por Madrid, hubo Gobierno socialista pero él se quedó sin cartera y se cabreó. Muchísimo. Se alió con Pedro J. y se acordó de lo que tenía y había guardo en un cajón sobre los GAL.
Ahora el actual PSOE, donde no falta un zapateril Odón para la memoria histórica ni un Rubalcaba camaleón, tienen amnesia de la de anteayer, le va a hacer la ola en la Conferencia Política y el hijo pródigo volverá a casa, aunque dudo que al redil. En el entreacto entre un arrimón y otro Garzón no ha dejado de figurar en todo. De político volvió a juez, y tras pedir el acta de defunción de Franco entró a todos los frentes y en uno, que hubiera sido su culminación, el de la Gürtel, se socarró. Vulneró el derecho a la defensa con escuchas ilegales a los abogados y acabo siendo condenado y expulsado de la carrera judicial por prevaricador. Pero consiguió retornar al favor de la izquierda, ahora con vitola de mártir incluida. Y reinició jugada. Tras ser recibido como héroe por caudillos y caudillas populistas sudamericanos, ser elevado a los altares por el chavismo y el peronismo, y la cúspide internacional como defensor de Julian Assange que hace tiempo pasó de los 1.000 días encerrado en la Embajada de Ecuador en Londres, se acercó de nuevo a Izquierda Unida y recomenzó la función.
Cayo Lara no le dio mucha vela, pero Llamazares, que busca la suya, se creyó que ahí tenía el velón y comenzaron a montar el chiringuito para poder tener un lugar al sol ahora que todo parece indicar que la formación, a la que don Gaspar casi hizo desaparecer como parlamentaria (solo salió elegido él), tiene viento a favor. Cayo Lara, que tiene origen campesino, se malició que la burra siempre vuelve al trigo. Y en dos regates ya estaba Garzón, tras amagar con fundar partido, de nuevo en el del PSOE. Que bien sabe distinguir el sabor del grano de los ricos que la paja de los pobres. Que en la izquierda también hay, ya lo ceo que hay.
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