Categorías: Opinión

Gajes del Oficio

Nos guste o no, las vallas, los policías, el ejército, las pistolas y los impuestos son necesarios para la supervivencia de un país. El estado de derecho duraría menos que un pastel en la puerta de un colegio si hiciésemos caso de los embaucadores del buenismo. Los mismos que acusan al Gobierno de desmantelar el Estado con sus medidas, son entusiastas activistas de la demolición real, física y social del país. Dejarnos embargar y llevar por emociones ante las necesidades imperiosas de personas que empujadas por un espíritu de mejora, o por la huida del drama, intentan emigrar a la UE, es un acto que nos humaniza pero nos aleja de una mejora social tan buena para nosotros como necesaria para los que intentan venir hacia nosotros. La valla y las devoluciones no preservan un estado de bienestar social, sino resguardan un estado de derecho en el que todo ciudadano, extranjero o no, debe someterse a la ley, y es esa ley la que preserva el estado de bienestar. Al intentar saltar la valla infringen la ley y con ello la paz social con la que vivimos. No podremos parar la inmigración ilegal con la admirable candidez de una ONG. Eso sería pecar de ingenuos o actuar de demagogos, pero la existencia de la valla y las actuaciones que se realizan en ella son la única salvaguarda de esta ciudad para no convertirse en un campo de refugiados al estilo de oriente medio. Otro asunto diferente es evitar que lleguen hasta la valla, actuando en sus países de origen, pero el mundo no es una película de Disney. En la mayor parte de los casos la ayuda de la UE siempre pasa de las roñosas manos del legislador europeo, a las codiciosas del dictador de turno de esos países, donde ni siquiera las ONGs pueden prestar su auxilio sin poner en peligro sus vidas. Eso sí, salvo en el caso de intentar frenar en su origen el ébola. Esta enfermedad puede afectar Bélgica, Alemania o Luxemburgo de forma inmediata y por eso ha visto multiplicada la ayuda de la UE en un 250% de un plumazo. Lleva razón Francisco González, Delegado del Gobierno, cuando afirma que gracias al esfuerzo numantino que realiza Ceuta, la UE puede permitirse el lujo de realizar declaraciones como las de Cecilia Malmström desde su cómodo sillón de Bruselas o su confortable residencia de Suecia. Si las calles de su Gotemburgo residencial soportaran la presión inmigratoria ilegal que sufren actualmente Ceuta y Melilla les aseguro que la avezada europeísta le declararía la guerra a la tonalidad. Ya veremos lo que piensan en Bruselas ahora cuando se les informe que llegan inmigrantes ilegales amenazando a los Guardias Civiles con infectarlos con toda una suerte de enfermedades contagiosas. Eso antes eran gajes del oficio.

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