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FITUR

Coincidiendo con mi estancia de unos meses en Madrid, aproveché para visitar Fitur. De esto hace ya bastantes años. Cual sería mi sorpresa cuando, al no localizar el pabellón de Ceuta, me informaron de que la ciudad no había acudido a la Feria. Así lo había decidido la corporación municipal de entonces para acabar con unos gastos baldíos, vistos los nulos resultados de la tradicional presencia en Ifema. Eso sí, a la espera de volver cuando las posibilidades reales de vender allí nuestro destino fueran más idóneas.
Ahora, en pleno 2011, la oferta si que existe. No es sólo el Parque Marítimo o la profunda remodelación que ha sufrido la ciudad y sus tradicionales encantos naturales. La Estación Náutica y su el turismo náutico – deportivo, el abanico de grandes posibilidades que abrirá el maravilloso Auditorium, el desarrollo del Plan de Dinamización Turística Ceuta 2+2 ‘Dos Mares dos Continentes’, la aprobación del Reglamento de Turismo, el reclamo del ‘Ceuta Crisol de Culturas’, nuestras extraordinarias playas, el clima, la hospitalidad y la gastronomía, las posibilidades de extender la escapada al exótico país vecino, un puerto deportivo en pleno centro de la ciudad y otro en proyecto para grandes yates... ¿Se puede dar más en tan pocos kilómetros cuadrados?
De poco pueden servir tales alicientes y la fiel cita anual en Fitur en tanto que la elevada barrera del coste del paso del Estrecho siga ahogando cualquier proyecto de desarrollo turístico. Mientras la apertura de Tánger – Med ha propiciado la competencia y la bajada de las tarifas, aquí seguimos como siempre. Pese a las campañas y paquetes de promoción que se ofertan con precios por debajo del billete de la tarifa normal, es difícil atraer a cualquier peninsular a visitar Ceuta con ese precio. Baste ver la cantidad de personas que en las vecinas provincias de Cádiz y Málaga dicen desconocer nuestra ciudad. O en el propio Fitur cuando tantos visitantes, sorprendidos de sus encantos, siguen definiendo a nuestra ciudad como la gran desconocida.
El paso del Estrecho, aún con una reducción de las tarifas, hacia lo que se camina, será siempre el gran handicap para nuestro desarrollo turístico. Por ello es decisivo incidir al máximo al otro lado del Tarajal y mimar al turista marroquí, nuestro potencial mejor cliente. Esa clase media emergente cada vez mayor y la que en verano acude masivamente a los magníficos núcleos turísticos vecinos, debe ser el objetivo para propiciar una corriente muy interesante porque no precisa de los barcos y para la que nuestro comercio y condición de ciudad europea tiene un gran atractivo. Baste observar, por estas fechas, el flujo de visitantes que nos llegan atraídos por las rebajas, superior al  de años anteriores.
Promoción, ni que decir tiene, en la medida de lo que la permitan las autoridades marroquíes, y agilizar de una vez, en lo posible, la facilidad de entrada y salida de la ciudad, no sólo con los pases de favor de un día que se conceden a determinados ciudadanos con las garantías necesarias, si no acabando con los desagradables colapsos en el paso fronterizo, amén de prodigarles todas las atenciones y servicios posibles.
¿Fitur? También. Sin tanta propensión escenográfica como hasta ahora. Con menos políticos, menos paseantes de turno, menos parafernalia barata, menos ágapes, menos gastos inútiles, menos despliegues televisivos y mediáticos dirigidos exclusivamente a la ciudad y con escasa o nula proyección más allá de la bocana. Y más profesionales. Fitur es una feria para profesionales, a los que lo mismo les da que el stand sea más o menos bonito, el desfile del famoso o el actor de turno. Seamos prácticos y austeros en momentos de crisis como los actuales.
Independientemente de Marruecos, en las vecinas provincias de la otra orilla “está el negocio”, como bien decía el consejero del área. Para tal objetivo si que puede resultar interesante el medio televisivo como ese acuerdo cerrado con Canal Sur. Muchísimo más eficaz que el patrocinio oficial de la selección española de triatlón con la marca ‘Ceuta’ en las camisetas, por muy emergente que esté ahora dicho deporte, minoritario al fin y a la postre.
Pero por encima de todo, realismo y sensatez. Porque, por ejemplo, si a ese turismo coherente de proximidad – el peninsular y el marroquí -, al que nos referíamos, seguimos ofreciendo en cada puente que se tercie la estampa de una ciudad muerta con sus comercios, bares y restaurantes cerrados, y con su población en masiva estampida, ¿a qué jugamos? ¿Quién podría imaginarse así a Ceuta en el proverbial marco de glamour de su stand de Fitur?

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