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Fe sobre vértebras

Por tercer año consecutivo, cuatro costaleros del CETI participan de la Semana Santa ceutí. En su país no pueden sentir así la fe y reconocen que “es un orgullo y un honor”

Uno por uno, los más de 60 costaleros que este año se unen para llevar en silencio al Cristo del Buen Fin, a María Santísima de la Concepción, al Cristo de la Piedad y a María Santísima de la Piedad, van llegando a la Parroquia del Valle donde ensayan bajo lo batuta de Antonio Vallejo. Descendimiento y Valle, en los meses previos a la salida, van de la mano para que la madrugada  y la tarde del Viernes Santo los ceutíes vivan la fe frente a unos titulares, bajo los cuales decenas de costaleros pondrán toda su fuerza y empeño en hacerlo posible. Esperan que no llueva, pero si así lo hiciera, reconocen, que en el fondo, no es trabajo perdido porque “seguiremos sintiéndonos tan cerca de ellos como los días que ensayamos”.
Y entre todos ellos, cuatro costaleros Placide es de Camerún, Julius de Nigeria y Chris y Daniel de la República Centro Africana. Se sienten honrados por poder caminar bajo  unos pasos que les acercan, más aún si cabe, a Jesucristo y a la Virgen. A una fe y a un agradecimiento que a ellos les ha permitido seguir viviendo y luchando contra las adversidades que les ha deparado un destino que los ha colocado en la lista de los millones de inmigrantes que dejan sus tierras en busca de un mejor porvenir o de sobrevivir.
No tienen experiencia pero tienen interés, explica el capataz valorando el trabajo de los compañeros que contribuyen a enseñarles y a que el trabajo en equipo se convierta en una realidad cada noche de ensayo. En un segundo plano, los hermanos mayores de cada cofradía, observan con detenimiento y aseguran que los costaleros del CETI son una parte más del grupo que sin técnica pero con mucho esfuerzo, lo harán bien. Ellos reconocen estar tranquilos y no dudaron en poder participar cuando supieron de esta opción que se puso en marcha el año pasado. “En nuestro país esto no existe, por eso participar en ello es un gran honor y estamos muy contentos”.  Nunca han perdido la fe, a pesar de los avatares que han ido encontrando a su paso. “Cristo vino para salvarnos y murió por nosotros y es lo menos que podemos hacer por él”, explica Placide con un español nítido.
“Nos sentimos contentos, alegres de poder estar aquí, con todas estar personas y cuando estemos debajo lloraremos de alegría por nuestro Dios”, reconocen mientras se preparan para soportar durante horas 30 kilos de peso sobre sus espaldas. “No es tan duro, el peso se reparte y hay que estar tranquilo, fijarte en los compañeros y saber trabajar en grupo”. Junto a ellos, José Antonio les echa una mano. Tiene 43 años y es el primero que sale. “Vine buscando algo, escapando de malas amistades y una mala vida y lo he encontrado. Personas que te tratan de igual a igual y que trabajamos por algo muy especial”. Así se sienten todos al fin y al cabo. Y si llueve, encontrarán consuelo unidos. “El año pasado no pudimos salir pero aún así, los chicos del CETI que participaron se fueron satisfechos con una experiencia que saben captar muy bien: un orgullo y un sentimiento muy íntimo de cada costalero con su fe y su creencia y a la vez un trabajo compartido y en equipo”. Lo explica el hermano mayor del Descendimiento, Pedro Martínez, que aún sigue con el gusanillo de no poder salir bajo el paso. Mientras, Vallejo, con más de dos décadas de experiencia como capataz, señala el medidor hecho por ellos mismos que les permite colocar sobre la séptima vértebra el peso y equilibrar las trabajaderas. En sus espaldas, también ha recaído el peso de ser costalero y siente un gran honor el hecho de poder sacar un titular a la calle. “Eso sí, cuando las cosas no funcionan en los ensayos o llueve, te desesperas pero siempre se sigue adelante y hay ganas de repetir”. La salida y la recogida, por la dificultad que entraña son momentos de gran emoción y se toma en serio su labor porque “aquí no hay manual que seguir, solo cuenta la experiencia y tener un grupo muy bueno”. Habla de todos con orgullo y explica que por primera vez, los dos pasos del silencio serán uno por la colaboración que se brindarán entre ambos. “Se trata de una sola cuadrilla de 65 costaleros y aquí, todos son iguales y saben a lo que vienen”. También Placide, Julius, Chris y Daniel. Que no faltan a ninguna cita.

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